1) Definiciones, alcance y relación entre biotecnología y bioeconomía La biotecnología puede definirse como la aplicación de ciencias biológicas, químicas e ingenierías para utilizar organismos vivos, células, partes de organismos o análogos moleculares con el fin de producir bienes y servicios. Abarca desde técnicas tradicionales, como la fermentación para producir alimentos, hasta tecnologías modernas como el ADN recombinante, la ingeniería de proteínas, la edición génica (por ejemplo, CRISPR), la biología sintética y la biología de sistemas. Esta disciplina opera en varias capas: a nivel molecular (manipulación de genes y proteínas), celular (cultivos celulares, microorganismos), de organismos (mejora genética de plantas y animales) y de ecosistemas (manejo de microbiomas del suelo o del rumen). Su finalidad es resolver problemas concretos en alimentación, salud, energía, industria, medio ambiente y otros sectores. La bioeconomía, por su parte, es el sistema económico y social basado en la producción, utilización y conservación sostenible de recursos biológicos renovables, incluidos conocimientos asociados, para suministrar productos y servicios en todos los sectores de la economía. Incluye no solo productos tangibles (alimentos, biomateriales, bioenergía) sino también servicios ecosistémicos, conocimiento biotecnológico, datos biológicos y modelos de negocio asociados (https://www.fao.org/interactive/bioeconomy/es). La bioeconomía sostenible y circular introduce dos dimensiones adicionales. La sostenibilidad se refiere a mantener la capacidad de los ecosistemas para regenerar biomasa y prestar servicios en el largo plazo, evitando la sobreexplotación, la degradación ambiental y las inequidades sociales. La circularidad se centra en optimizar el uso de biomasa y energía a lo largo de su ciclo de vida, reduciendo residuos mediante reutilización, reciclaje y valorización en cascada. Por ejemplo, los residuos alimentarios pueden convertirse en biogás o compost, y los subproductos agrícolas pueden transformarse en bioplásticos o fertilizantes orgánicos (https://www.fao.org/newsroom/story/Five-reasons-why-a-sustainable-and-circular-global-bioeconomy-just-makes-sense/es). La biotecnología es uno de los motores tecnológicos de la bioeconomía, pero no la agota. La bioeconomía integra también políticas agrícolas, forestales, pesqueras, industriales y energéticas, gestión de la biodiversidad, innovación social y marcos regulatorios. En la práctica, la bioeconomía expresa cómo el conocimiento biotecnológico se traduce en actividades económicas concretas. 2) Evolución histórica y cronología ampliada La biotecnología tradicional se remonta a la domesticación de plantas y animales, la selección de semillas y la fermentación de alimentos y bebidas. Estas prácticas, aunque empíricas, ya suponían una intervención consciente en procesos biológicos. En el siglo XX, la biología molecular permitió comprender la estructura del ADN y los mecanismos de herencia. En las décadas de 1970 y 1980 se desarrolló la tecnología de ADN recombinante, que hizo posible introducir genes específicos en microorganismos para producir insulina humana, hormonas de crecimiento y enzimas industriales, inaugurando la era de la biotecnología moderna industrial y farmacéutica. Desde la década de 1990, los cultivos OGM comenzaron a cultivarse comercialmente a gran escala. La OMS revisó los productos alimentarios OGM disponibles, evaluando riesgos potenciales para la salud y señalando la importancia de una evaluación caso por caso, de la trazabilidad y de la vigilancia posterior a la comercialización (https://www.who.int/es/publications/i/item/9241593059). El concepto de bioeconomía emergió con fuerza a finales de los años 1990 y principios de 2000, impulsado por la necesidad de conciliar crecimiento económico, innovación tecnológica y sostenibilidad ambiental. La OCDE identificó la bioeconomía como un área estratégica para el desarrollo hasta 2030, destacando el papel central de la biotecnología, la genómica y la informática en salud, agricultura e industria (https://www.oecd.org/en/publications/the-bioeconomy-to-2030_9789264056886-en.html). La Unión Europea adoptó una estrategia de bioeconomía que integra agricultura, pesca, bosques, industria, energía y gestión de residuos, con énfasis en el uso eficiente de recursos biológicos, la innovación y el desarrollo rural. La actualización de dicha estrategia reforzó el enfoque en la sostenibilidad, la economía circular y la protección de la biodiversidad (https://environment.ec.europa.eu/strategy/bioeconomy-strategy_en). En la década de 2010, la FAO comenzó a trabajar activamente en bioeconomía sostenible, apoyando a países en el diseño de estrategias nacionales e impulsando principios y criterios globales. La OMS, por su parte, publicó guías para aprovechar de forma segura los beneficios de las ciencias de la vida, incluyendo consideraciones sobre bioseguridad, bioprotección y gobernanza de nuevas biotecnologías (https://www.who.int/es/news/item/13-09-2022-who-launches-guide-to-safely-unlock-benefits-of-the-life-sciences). 3) Recursos biológicos, biomasa y funciones fundamentales Los recursos biológicos son todos los materiales de origen biológico: organismos vivos (plantas, animales, microorganismos), partes de organismos (madera, fibras, aceites, almidones) y residuos orgánicos. Estos recursos pueden regenerarse en escalas de tiempo humanas si se gestionan adecuadamente, lo que los diferencia de los combustibles fósiles. En alimentación, los recursos biológicos incluyen cultivos básicos (trigo, maíz, arroz), cultivos tradicionales subutilizados (mijo, yuca, legumbres locales), productos hortícolas, ganado, aves, peces y productos forestales no madereros. La FAO subraya que la diversidad de especies disponibles para la alimentación es mucho mayor que la realmente utilizada, y que ampliar esta base puede mejorar la nutrición y la resiliencia de sistemas agroalimentarios (https://www.fao.org/interactive/bioeconomy/es). En refugio y construcción, la madera y otros materiales lignocelulósicos pueden sustituir parte del acero y el hormigón, reduciendo la huella de carbono de la construcción si se obtienen de bosques gestionados de forma sostenible. En energía, residuos de cosechas, estiércol, residuos forestales y residuos orgánicos urbanos se utilizan para producir biogás, bioetanol, biodiésel y calor, contribuyendo a la seguridad energética y a la reducción de emisiones, siempre que se evite la competencia con la alimentación y se controlen impactos sobre suelos y agua. En medicina, plantas, hongos, algas y microorganismos son fuentes de moléculas bioactivas que se desarrollan como fármacos, fitomedicinas o insumos para biológicos. Numerosos medicamentos se originan en compuestos de la naturaleza, optimizados mediante investigación farmacéutica. La bioeconomía busca optimizar el uso de estos recursos: priorizar usos de mayor valor (por ejemplo, alimentación humana sobre bioenergía), utilizar en cascada la biomasa (de alimento a piensos, materiales y finalmente energía o fertilizantes) y reducir al mínimo los residuos (https://www.fao.org/newsroom/story/Five-reasons-why-a-sustainable-and-circular-global-bioeconomy-just-makes-sense/es). 4) Mecanismos biotecnológicos y plataformas habilitadoras Los bioprocesos industriales utilizan microorganismos, enzimas o células animales y vegetales para transformar materias primas biológicas en productos de alto valor. Ejemplos incluyen fermentaciones para producir aminoácidos, ácidos orgánicos, biopolímeros, vitaminas y bioetanol. Las biorefinerías integradas procesan biomasa (por ejemplo, residuos forestales o cultivos energéticos) en múltiples productos: combustibles, productos químicos, materiales y energía. Este enfoque se inspira en las refinerías de petróleo, pero con biomasa renovable como materia prima. La ingeniería genética y la edición génica permiten introducir, editar o silenciar genes específicos en plantas, animales y microorganismos para mejorar características agronómicas (resistencia a plagas, tolerancia a sequía), propiedades nutricionales (mayor contenido de micronutrientes) o capacidades metabólicas (producción de moléculas de interés). La biología sintética combina ingeniería y biología para diseñar circuitos genéticos, construir organismos con rutas metabólicas nuevas o rediseñar microorganismos de producción para incrementar rendimientos. Esto amplía el repertorio de productos que puede ofrecer la bioeconomía. Las tecnologías digitales, como la bioinformática, el análisis de grandes datos Ómicos (genómica, transcriptómica, metabolómica) y la inteligencia artificial, permiten comprender mejor sistemas biológicos complejos y diseñar bioprocesos más eficientes. Estas herramientas son fundamentales para la planificación de cadenas de valor biobasadas y la evaluación de impactos en diferentes escenarios (https://www.oecd.org/en/publications/boosting-biotechnology-innovation-through-agile-regulation-and-finance-instruments_7cd12966-en/full-report.html). 5) Aplicaciones en alimentación, salud, energía, industria y medio ambiente En alimentación, la biotecnología se aplica a la selección de variedades mediante marcadores moleculares, al desarrollo de cultivos OGM y editados genéticamente, a la mejora de procesos de fermentación (pan, lácteos, bebidas), a la producción de proteínas alternativas (por ejemplo, fermentación de precisión para producir proteínas funcionales) y a la detección rápida de contaminantes y patógenos en la cadena alimentaria. En salud, permite producir vacunas recombinantes, medicamentos biológicos (anticuerpos monoclonales, factores de coagulación), terapias génicas y celulares, y tecnologías de diagnóstico molecular y de secuenciación que ayudan a vigilar enfermedades infecciosas y a personalizar tratamientos. Estas innovaciones se integran en sistemas de innovación sanitaria que forman parte de la bioeconomía, generando empleos altamente cualificados y cadenas de valor farmacéuticas. En energía, la bioeconomía aprovecha residuos y subproductos para generar biogás y biocombustibles líquidos. El uso de biomasas lignocelulósicas (residuos de madera, paja, residuos de cosecha) reduce la competencia con cultivos alimentarios, aunque requiere tecnologías más complejas. En industria y materiales, la biotecnología impulsa el desarrollo de bioplásticos y biopolímeros que sustituyen plásticos convencionales. Un ejemplo destacado es la producción de bioplásticos a partir de subproductos del agave en México, donde residuos antes enviados a vertederos o quemados se transforman en materiales ligeros para la industria automotriz (https://www.fao.org/newsroom/story/Five-reasons-why-a-sustainable-and-circular-global-bioeconomy-just-makes-sense/es). En medio ambiente, se utilizan microorganismos para degradar contaminantes en suelos y aguas (biorremediación), restaurar ecosistemas degradados y mejorar la eficiencia de uso de nutrientes en agricultura a través de biofertilizantes. La gestión ganadera climáticamente inteligente combina biotecnología, manejo de pasturas y prácticas de alimentación para reducir la huella ambiental de la producción animal. 6) Beneficios potenciales y oportunidades estratégicas La bioeconomía tiene el potencial de contribuir significativamente a la seguridad alimentaria y nutricional. Al aumentar la eficiencia en el uso de recursos (agua, nutrientes, energía) y diversificar cultivos y fuentes de alimentos, se pueden reducir vulnerabilidades frente a sequías, plagas y fluctuaciones de precios. La FAO enfatiza que una bioeconomía sostenible puede impulsar dietas más diversas y ricas en nutrientes, incorporando cultivos locales infrautilizados (https://www.fao.org/interactive/bioeconomy/es). En el ámbito del desarrollo rural, la bioeconomía crea oportunidades para generar valor añadido a nivel local mediante la transformación de biomasa en productos de mayor valor, la creación de cooperativas para gestionar residuos orgánicos y la implementación de cadenas de valor cortas. Esto puede fortalecer medios de vida, especialmente para pequeños productores, mujeres y jóvenes. En la dimensión ambiental, la sustitución de materiales y combustibles fósiles por alternativas biobasadas, junto con la restauración de ecosistemas degradados y la intensificación sostenible de la agricultura, tiene el potencial de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, mejorar la calidad de suelos y agua y preservar la biodiversidad. En innovación y competitividad, la bioeconomía constituye un campo de expansión para nuevas empresas, start-ups biotecnológicas y alianzas público-privadas. La OCDE y la Comisión Europea identifican que la combinación de biociencias, tecnologías digitales y nuevos modelos de negocio puede generar olas de innovación con impactos económicos transversales (https://environment.ec.europa.eu/strategy/bioeconomy-strategy_en, https://www.oecd.org/en/publications/the-bioeconomy-to-2030_9789264056886-en.html). 7) Riesgos, desafíos y dilemas ético-sociales En biotecnología agrícola, los cultivos OGM y editados genéticamente pueden generar riesgos ecológicos, como la posible transferencia de genes a especies silvestres, la aparición de resistencias en plagas y el impacto sobre comunidades de organismos no objetivo. Estos riesgos deben evaluarse en función de cada cultivo, rasgo introducido y contexto agroecológico. La OMS ha subrayado la necesidad de marcos de evaluación transparentes y basados en evidencia científica (https://www.who.int/es/publications/i/item/9241593059). La bioeconomía también presenta riesgos de competencia por recursos. El uso de tierras arables para producir cultivos energéticos o biomasa industrial puede desplazar cultivos alimentarios o provocar cambios en el uso de la tierra que afecten bosques y ecosistemas. La FAO resalta que estas compensaciones deben gestionarse mediante principios de bioeconomía sostenible que equilibren objetivos alimentarios, energéticos y ambientales (https://www.fao.org/interactive/bioeconomy/es). A nivel social, existe el riesgo de concentrar la propiedad intelectual y el control de tecnologías biotecnológicas en pocas empresas, lo que puede limitar el acceso de pequeños productores y países con menos recursos, y afectar derechos de comunidades indígenas sobre recursos genéticos y conocimientos tradicionales. Esto plantea dilemas sobre reparto de beneficios, biopiratería y justicia global. En salud y en aplicaciones de biología sintética, surgen preocupaciones éticas sobre el límite entre terapia y mejora humana, sobre el posible uso dual de ciertas tecnologías (aplicaciones benignas y potenciales usos malintencionados) y sobre la privacidad de datos genéticos. La gobernanza de las ciencias de la vida debe contemplar estos aspectos, incluyendo bioseguridad y bioprotección (https://www.who.int/es/news/item/13-09-2022-who-launches-guide-to-safely-unlock-benefits-of-the-life-sciences). Además, la implementación de la bioeconomía exige capacidades institucionales y técnicas que no están igualmente distribuidas. Sin inversiones en educación, formación, infraestructura y gobernanza, existe el riesgo de que los beneficios se concentren en regiones ya desarrolladas, ampliando brechas. 8) Gobernanza, políticas públicas y marcos estratégicos Los marcos de gobernanza de la biotecnología incluyen regulaciones sobre bioseguridad, autorización de OGM, normas para investigación con organismos modificados, monitoreo ambiental y etiquetado de productos. Estas regulaciones suelen basarse en principios de evaluación del riesgo, precaución y transparencia. La OMS ha desarrollado orientaciones para que los países fortalezcan sus sistemas de seguridad biológica y regulen el uso de las ciencias de la vida de manera que se maximicen beneficios y se minimicen riesgos de accidentes o usos malintencionados (https://www.who.int/es/news/item/13-09-2022-who-launches-guide-to-safely-unlock-benefits-of-the-life-sciences). La FAO, a través del Grupo de Trabajo Internacional sobre Bioeconomía Sostenible, propone principios y criterios que ayudan a los países a diseñar estrategias de bioeconomía que integren sostenibilidad ambiental, inclusión social, equidad de género, respeto a conocimientos tradicionales y protección de derechos de propiedad intelectual de poblaciones indígenas y locales (https://www.fao.org/interactive/bioeconomy/es, https://www.fao.org/family-farming/detail/es/c/1719390/). En el plano regional, la estrategia de bioeconomía de la Unión Europea constituye un ejemplo de enfoque integrado que conecta investigación e innovación, desarrollo rural, economía circular, biodiversidad y políticas climáticas. Esta estrategia incluye acciones para impulsar inversiones, apoyar biorefinerías sostenibles y reforzar la cooperación internacional (https://environment.ec.europa.eu/strategy/bioeconomy-strategy_en). La OCDE recomienda marcos regulatorios y financieros ágiles que permitan a las empresas biotecnológicas innovar con rapidez manteniendo estándares de seguridad y responsabilidad, por ejemplo, mediante mecanismos de experimentación regulatoria o instrumentos financieros específicos para proyectos de biotecnología (https://www.oecd.org/en/publications/boosting-biotechnology-innovation-through-agile-regulation-and-finance-instruments_7cd12966-en/full-report.html). 9) Casos ilustrativos y experiencias de implementación En contextos urbanos, un ejemplo es la implementación de centros de compostaje para residuos alimentarios en ciudades, que transforman residuos orgánicos de mercados y hogares en compost para agricultura periurbana. Esto reduce la carga sobre vertederos, disminuye emisiones de metano y proporciona un insumo valioso para productores locales. La FAO ha apoyado iniciativas de este tipo en ciudades como Lima, mostrando su potencial en bioeconomía urbana (https://www.fao.org/newsroom/story/Five-reasons-why-a-sustainable-and-circular-global-bioeconomy-just-makes-sense/es). En la industria, la producción de bioplásticos a partir de subproductos agrícolas como el agave ilustra la lógica de economía circular: un residuo que antes era un problema se convierte en materia prima para fabricar materiales ligeros, reduciendo el uso de plásticos fósiles y generando nuevas cadenas de valor. En agricultura, programas de uso de paja de cereales como fertilizante orgánico en lugar de quemarla reducen la contaminación del aire y mejoran la estructura del suelo. Estos programas se combinan con prácticas de labranza mínima, rotación de cultivos y uso de bioplaguicidas, integrando principios de agroecología y biotecnología. En ganadería, proyectos de ganadería climáticamente inteligente apoyados por la FAO han enseñado a productores a implementar pastoreo rotacional, sistemas de riego más eficientes, compostaje de estiércol y producción de piensos en la propia finca. Estas prácticas mejoran la productividad, reducen la degradación de pasturas y disminuyen emisiones (https://www.fao.org/newsroom/story/Five-reasons-why-a-sustainable-and-circular-global-bioeconomy-just-makes-sense/es). En salud, el despliegue de plataformas de producción de vacunas recombinantes y biológicos ha creado polos de bioeconomía sanitaria en distintos países, con laboratorios, empresas y cadenas de suministro que generan empleo y capacidad tecnológica. 10) Líneas de acción para distintos actores Para gobiernos nacionales y locales, es prioritario integrar la bioeconomía en planes de desarrollo, estrategias climáticas, políticas agrícolas y energéticas. Esto incluye: establecer marcos regulatorios claros para biotecnología y productos biobasados; crear incentivos fiscales y financieros para proyectos de bioeconomía sostenible; apoyar la investigación pública y la transferencia de tecnología; e invertir en infraestructuras como biorefinerías, plantas de biogás y centros de compostaje. Para empresas y cooperativas, conviene identificar oportunidades de valorización de residuos orgánicos, sustitución de insumos fósiles por biológicos, diseño de productos reciclables o biodegradables, y asociación con centros de investigación para desarrollar procesos biotecnológicos propios. La adopción de estándares de sostenibilidad y certificaciones puede mejorar el acceso a mercados y financiamiento. Para la comunidad científica y educativa, las prioridades incluyen desarrollar biotecnologías más seguras y eficientes, generar evidencia sobre impactos económicos, sociales y ambientales de la bioeconomía, mejorar la formación interdisciplinaria en biociencias, ingeniería, economía y políticas públicas, y fortalecer la comunicación ciencia-sociedad. Para la sociedad civil, organizaciones comunitarias y consumidores, resulta clave participar en debates sobre el rumbo de la bioeconomía, demandar transparencia sobre origen y características de productos biobasados, y adoptar prácticas de consumo responsables que reduzcan desperdicios y apoyen productos sostenibles. 11) Conclusiones generales La combinación de biotecnología y bioeconomía configura un marco poderoso para abordar retos interrelacionados: seguridad alimentaria, salud, cambio climático, pérdida de biodiversidad, pobreza rural y dependencia de combustibles fósiles. Sin embargo, no constituye una solución automática; su contribución depende de cómo se diseñen las políticas, se regulen las tecnologías y se distribuyan los beneficios. Un enfoque centrado en la sostenibilidad, la circularidad, la equidad y la participación social permite orientar la bioeconomía hacia modelos que respeten los límites ecológicos, protejan los derechos de las personas y generen bienestar compartido. Los marcos y estrategias propuestos por FAO, OMS, OCDE y la Unión Europea ofrecen referencias para avanzar en esa dirección, que pueden adaptarse a las realidades de cada país (https://www.fao.org/interactive/bioeconomy/es, https://environment.ec.europa.eu/strategy/bioeconomy-strategy_en, https://www.oecd.org/en/publications/the-bioeconomy-to-2030_9789264056886-en.html). En síntesis, la biotecnología y la bioeconomía abren un campo amplio para la innovación científica y tecnológica, la creación de empleo y la protección ambiental, siempre que se gobiernen de forma responsable, se evalúen cuidadosamente riesgos y compensaciones, y se garantice una distribución justa de oportunidades y resultados.