1. Introducción En las últimas décadas, el sistema internacional ha pasado de un esquema relativamente concentrado en unas pocas potencias occidentales a una constelación más compleja de centros de poder. Este cambio es resultado del crecimiento acelerado de grandes economías emergentes, de la expansión del comercio y la inversión Sur–Sur y de la búsqueda de mayor autonomía estratégica por parte de los países en desarrollo. BRICS resume de forma visible esta transición: se trata de un grupo de países que combina peso demográfico, recursos naturales, capacidades industriales y ambiciones de influencia, articulado en torno a la idea de que la gobernanza global debe reflejar mejor la distribución real del poder económico. Los nuevos bloques geopolíticos no sustituyen completamente las alianzas tradicionales, pero sí las complementan y, en algunos casos, las cuestionan. En lugar de un orden rígidamente bipolar, se observa un mosaico de coaliciones flexibles, con foros donde los mismos países cooperan en unos temas y compiten en otros. BRICS ilustra este fenómeno al reunir Estados con intereses parcialmente convergentes pero también con rivalidades significativas, obligados a negociar continuamente su agenda común y sus prioridades. 2. Definición y miembros de BRICS BRICS es hoy una organización intergubernamental que agrupa a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, con la posibilidad de incorporar nuevos miembros bajo el rótulo BRICS+. El acrónimo nació como una etiqueta acuñada por Jim O'Neill en 2001 para describir cuatro grandes economías emergentes —Brasil, Rusia, India y China— con potencial para transformar la economía mundial a medio plazo (https://www.britannica.com/topic/BRICS). Con la inclusión de Sudáfrica en 2011, la sigla pasó de BRIC a BRICS y el concepto dejó de ser únicamente una categoría de análisis financiero para convertirse en una plataforma política y diplomática. El bloque concentra una proporción muy elevada de la población y del PIB global, lo que le confiere capacidad de influencia en mercados de materias primas, manufacturas, servicios y finanzas. Diversos estudios estiman que BRICS representa más de una cuarta parte del PIB mundial y alrededor del 42 % de la población del planeta (https://unctad.org/publication/brics-investment-report). Además, la combinación de países exportadores de materias primas (como Brasil y Rusia) con grandes importadores industriales (como China e India) crea complementariedades económicas significativas al interior del grupo. La etiqueta BRICS+ se utiliza para reflejar los procesos de ampliación del bloque hacia otros países emergentes, en particular de Oriente Medio, África y América Latina. Aunque los criterios de adhesión no están codificados en un tratado formal, suelen mencionarse factores como el peso regional, la voluntad de cooperar en la reforma de la gobernanza global y la disposición a participar en las instituciones financieras del bloque. Estas ampliaciones refuerzan la visibilidad de BRICS como polo de atracción para el Sur Global. 3. Orígenes, evolución y cronología básica El punto de partida conceptual de BRICS se sitúa en 2001, cuando el acrónimo BRIC se difunde en los mercados financieros como síntesis de un escenario en el que Brasil, Rusia, India y China podrían convertirse en motores principales del crecimiento mundial hacia 2050. Esta visión destaca el tamaño demográfico, la abundancia de recursos naturales y las tasas de crecimiento relativamente elevadas de estos países en comparación con las economías avanzadas. A partir de mediados de la década de 2000, los gobiernos de estos Estados comienzan a explorar la posibilidad de trasladar esa etiqueta económica al terreno político. En 2006 se producen reuniones informales entre representantes de los cuatro países en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, y en 2009 se celebra la primera cumbre formal de BRIC (https://www.britannica.com/topic/BRICS). En ella, los líderes enfatizan la necesidad de un orden internacional multipolar, piden mayor representación en instituciones como el FMI y el Banco Mundial y plantean la idea de un nuevo sistema de reservas que reduzca la dependencia del dólar. Estos mensajes reflejan tanto frustraciones con la arquitectura heredada de la posguerra como la confianza creciente en la propia capacidad de influencia. La incorporación de Sudáfrica en 2011 marca un punto de inflexión. Además de añadir un miembro africano, refuerza la dimensión interregional del grupo y su legitimidad como representante de una parte importante del llamado Sur Global. En los años siguientes, las cumbres anuales consolidan una agenda cada vez más amplia, que incluye coordinación en materia de comercio, inversión, energía, ciencia y tecnología. Las declaraciones conjuntas van configurando un lenguaje propio en torno a la multipolaridad, el desarrollo inclusivo y la no injerencia. La creación de instituciones propias como el Nuevo Banco de Desarrollo y el Acuerdo de Reservas de Contingencia, en 2014, profundiza la dimensión operativa del bloque. Posteriormente, desde comienzos de la década de 2020, BRICS entra en una fase de ampliación, invitando a nuevos países a sumarse al marco BRICS+. Esta expansión expresa la voluntad de muchos Estados emergentes de disponer de foros alternativos o complementarios a los dominados por las economías avanzadas y de beneficiarse de las nuevas fuentes de financiación y cooperación. 4. Instituciones económicas y financieras: NDB y CRA Una de las diferencias clave entre BRICS y otros grupos ad hoc reside en la creación de instituciones financieras propias. El Nuevo Banco de Desarrollo (New Development Bank, NDB) comenzó a operar en 2014 con un capital autorizado de 100 000 millones de dólares, financiado con aportes iguales de los cinco miembros fundadores (https://www.britannica.com/topic/BRICS). Su mandato es financiar proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible, con una atención particular a las necesidades de los países en desarrollo y a la complementariedad con –más que sustitución de– organismos como el Banco Mundial. El NDB ofrece préstamos y garantías para proyectos en ámbitos como transporte, energía, agua, saneamiento, salud o infraestructura digital. Al aceptar monedas locales y cooperar con bancos de desarrollo regionales, contribuye a reducir la exposición cambiaria y a diversificar las fuentes de financiación. Esta función resulta especialmente relevante en un contexto de volatilidad de los flujos de capital y de crecientes necesidades de inversión para cumplir objetivos de desarrollo sostenible. El Acuerdo de Reservas de Contingencia (Contingent Reserve Arrangement, CRA) constituye el segundo pilar financiero del bloque. Diseñado como un mecanismo de apoyo recíproco en caso de crisis de balanza de pagos, el CRA permite a los miembros acceder a líneas de liquidez denominadas principalmente en dólares, con contribuciones desiguales —China aporta la mayor parte del capital— y compromisos de ajustes macroeconómicos cuando se superan determinados umbrales de uso (https://unctad.org/system/files/official-document/diae2023d1_en.pdf). Aunque su tamaño es modesto frente a la capacidad del FMI, ofrece una opción adicional y refuerza la percepción de autonomía financiera relativa. La atracción y emisión de inversión extranjera directa (IED) es otro elemento central de la dimensión económica de BRICS. Entre 2001 y 2021, las entradas anuales de IED en el bloque se multiplicaron por más de cuatro, contribuyendo de forma importante a la formación bruta de capital fijo (https://unctad.org/publication/brics-investment-report). Sin embargo, desde 2011 el crecimiento de estos flujos se ha aplanado, reflejando tanto la maduración de las economías BRICS como las turbulencias del entorno inversor global. El potencial de inversión intra-BRICS, aún relativamente limitado, se considera una de las áreas de cooperación con mayor margen de expansión. En paralelo, las discusiones sobre la creación de una moneda común para transacciones entre miembros expresan el deseo de reducir la dependencia del dólar y otros activos de reserva tradicionales. Hasta ahora no se han dado pasos concretos hacia una moneda única, en parte por la complejidad técnica de coordinar políticas monetarias y por los intereses divergentes de los Estados, pero sí se han multiplicado los acuerdos para utilizar monedas nacionales en el comercio bilateral. 5. BRICS y la formación de nuevos bloques geopolíticos BRICS suele interpretarse como parte de un proceso más amplio de reconfiguración de bloques y coaliciones a escala global. Este proceso incluye tanto agrupaciones económicas (como el G20) como plataformas centradas en seguridad regional (como la Organización de Cooperación de Shanghái) y bloques regionales consolidados (Unión Europea, ASEAN, Mercosur). A diferencia del G7, que reúne principalmente a economías avanzadas con sistemas políticos relativamente similares, BRICS aglutina economías emergentes heterogéneas que comparten el interés por aumentar su peso en la gobernanza global. La proliferación de bloques responde a varios incentivos. En primer lugar, permite coordinar posiciones en negociaciones comerciales, financieras o climáticas, aumentando la capacidad de influencia de países que individualmente tendrían menos peso. En segundo lugar, ofrece mecanismos alternativos para financiar infraestructura, gestionar crisis financieras o cooperar en energía y tecnología. En tercer lugar, refuerza la autonomía estratégica frente a las grandes potencias tradicionales, lo que resulta atractivo para muchos países del Sur Global. A nivel histórico, la coexistencia de múltiples bloques no es un fenómeno nuevo. Períodos como los Estados Combatientes en la antigua China o las complejas alianzas europeas de la Baja Edad Media muestran cómo las combinaciones de coaliciones cambiantes y rivalidades regionales pueden configurar el mapa de poder durante décadas (https://www.britannica.com/event/Warring-States, https://www.britannica.com/event/Battle-of-Bannockburn). En el caso contemporáneo, la diferencia radica en la interdependencia económica y tecnológica mucho mayor entre los actores, lo que hace más costoso un conflicto abierto pero también aumenta el impacto de la fragmentación normativa o financiera. 6. Oportunidades y ventajas potenciales Para los países en desarrollo, la existencia de BRICS y de otros bloques emergentes abre la posibilidad de negociar en mejores condiciones con las instituciones tradicionales y de acceder a nuevas fuentes de financiación para proyectos de infraestructura, transición energética y digitalización. El NDB y otros mecanismos financieros pueden ofrecer plazos más largos, monedas más adecuadas y criterios de evaluación adaptados a las necesidades de los países receptores, siempre que se gestionen con responsabilidad macroeconómica (https://unctad.org/publication/brics-investment-report). En el terreno del comercio, el aumento del intercambio Sur–Sur permite diversificar mercados de exportación y abastecimiento, reducir la dependencia de un número reducido de socios y promover cadenas de valor regionales. Esto resulta especialmente relevante para sectores como la energía, la agroindustria, los minerales críticos y ciertos segmentos de manufacturas. Los acuerdos para utilizar monedas locales en transacciones bilaterales pueden mitigar riesgos cambiarios y de sanciones financieras, aunque también exigen marcos legales y de compensación robustos. Para las empresas, un entorno multipolar crea oportunidades de expansión hacia mercados menos saturados y de acceso a financiamiento alternativo, tanto público como privado. La competencia entre bloques por atraer inversión y talento puede traducirse en incentivos fiscales, mejora de infraestructuras y reformas regulatorias. Sin embargo, aprovechar estas oportunidades exige capacidades avanzadas de análisis de riesgo geopolítico, cumplimiento normativo en múltiples jurisdicciones y diversificación estratégica de proveedores y clientes. En el plano de la gobernanza, la existencia de foros como BRICS puede facilitar acuerdos en áreas donde las negociaciones globales universales avanzan lentamente, por ejemplo, ciertas iniciativas de cooperación en tecnología, infraestructuras digitales o proyectos de conectividad transfronteriza. Estos acuerdos pueden luego trasladarse o ampliarse a marcos más amplios, contribuyendo a una arquitectura internacional más flexible y adaptativa. 7. Limitaciones, tensiones internas y críticas Pese a su peso económico agregado, BRICS enfrenta importantes desafíos internos. Las diferencias de tamaño y estructura económica son notables: China supera con creces al resto en PIB, capacidad industrial y reservas de divisas; India combina rápido crecimiento con grandes desafíos sociales; Brasil y Sudáfrica dependen en parte de la exportación de materias primas; Rusia está condicionada por sanciones y por la volatilidad de los precios energéticos. Estas asimetrías dificultan definir una agenda verdaderamente común. Las divergencias políticas también son significativas. Los miembros de BRICS abarcan distintos tipos de sistemas políticos y niveles de apertura democrática, lo que genera percepciones distintas sobre temas como derechos humanos, gobernanza digital o transparencia. Además, existen tensiones geopolíticas abiertas, en particular entre India y China, que han protagonizado incidentes fronterizos y compiten por influencia en Asia. Para algunos analistas, estas rivalidades limitan la posibilidad de que BRICS funcione como un bloque cohesionado de naturaleza similar a la Unión Europea. Otra crítica frecuente se refiere a la ambigüedad de los objetivos estratégicos del bloque. Mientras Rusia y China tienden a presentar BRICS como un instrumento para construir un orden postoccidental, India, Brasil y Sudáfrica suelen insistir en su carácter de foro de consulta y de diversificación, más que de confrontación directa (https://www.britannica.com/topic/BRICS). Esta diferencia de énfasis se traduce en comunicados a veces vagos, en iniciativas que avanzan a distintas velocidades y en una institucionalización menos profunda de lo que sugeriría el peso económico agregado. En el terreno económico, los proyectos del NDB y otros instrumentos han sido valorados como útiles, pero aún modestos en relación con las necesidades globales de inversión en desarrollo sostenible. Asimismo, se plantean preocupaciones sobre la posible replicación de patrones de dependencia, si los nuevos flujos de financiación no se acompañan de capacidades locales y marcos de transparencia sólidos. También existe el riesgo de que la coexistencia de normas y estándares financieros distintos entre bloques aumente los costes de transacción y complique la coordinación en crisis sistémicas. Por último, la consolidación de bloques paralelos puede contribuir a la fragmentación del comercio y las finanzas internacionales. Un escenario de campos rivales con estándares tecnológicos, redes de pago y acuerdos regulatorios incompatibles podría aumentar la incertidumbre para empresas y gobiernos, y dificultar la provisión de bienes públicos globales como la estabilidad financiera, la acción climática o la gestión de pandemias (https://unctad.org/es/publication/actualizacion-sobre-el-comercio-mundial-octubre-de-2025-el-comercio-mundial-se-mantiene). 8. Implicaciones prácticas para gobiernos, empresas y ciudadanos Para los gobiernos, la existencia de BRICS y otros bloques emergentes implica la necesidad de políticas exteriores más diversificadas y flexibles. Esto incluye participar de manera selectiva en múltiples foros, gestionar cuidadosamente la dependencia de cualquier bloque concreto y desarrollar capacidades de análisis que integren la dimensión geopolítica en decisiones económicas y regulatorias. En la práctica, se vuelve imprescindible combinar relaciones tradicionales con economías avanzadas con vínculos estratégicos con grandes economías emergentes. Las administraciones económicas deben adaptar sus estrategias de comercio exterior, inversión y endeudamiento público a un entorno de mayor fragmentación. Esto implica evaluar oportunidades de financiación a través de instituciones como el NDB, pero también definir límites claros para evitar riesgos de sobreendeudamiento o de dependencia excesiva de un solo financiador (https://unctad.org/es/publication/situacion-y-perspectivas-de-la-economia-mundial-2025). La coordinación interministerial y el diálogo con el sector privado cobran importancia para gestionar los impactos de eventuales sanciones, cambios regulatorios o realineamientos comerciales entre bloques. Para las empresas, las implicaciones se traducen en la necesidad de fortalecer las funciones de cumplimiento, inteligencia de riesgos y planificación de escenarios. La convivencia de normas divergentes en ámbitos como datos, competencia, propiedad intelectual o finanzas requiere diseñar estrategias diferenciadas por región y, a menudo, duplicar procesos de homologación y certificación. Al mismo tiempo, la posibilidad de acceder a financiamiento de distintos orígenes, incluidos bancos de desarrollo de nuevos bloques, puede mejorar las condiciones de proyectos de inversión si se entiende bien el entorno regulatorio. Desde la perspectiva de los ciudadanos, los efectos de estos cambios se perciben a través de variables como empleo, inflación, disponibilidad de bienes y servicios, y estabilidad del sistema financiero. Cambios en las cadenas de suministro o en las relaciones comerciales entre bloques pueden afectar el precio y la disponibilidad de alimentos, energía o productos tecnológicos. A su vez, la competencia entre bloques por talento y por estudiantes internacionales puede abrir oportunidades adicionales de movilidad educativa y laboral, pero también generar restricciones si aumentan las tensiones geopolíticas. 9. Conclusiones BRICS y los nuevos bloques geopolíticos representan tanto una respuesta a cambios estructurales en la distribución del poder económico como una apuesta por reformar gradualmente la arquitectura internacional. El bloque encarna la demanda de los grandes países emergentes de tener mayor voz en la definición de reglas financieras, comerciales y tecnológicas, y de disponer de instituciones que reflejen mejor sus prioridades. La creación del NDB, del CRA y de otras iniciativas muestra que esa voluntad se traduce en instrumentos concretos, aunque todavía de escala limitada frente al sistema heredado. Al mismo tiempo, las tensiones internas, las asimetrías entre miembros y la coexistencia de agendas parcialmente contradictorias indican que BRICS no constituye un bloque monolítico ni plenamente coherente. Más bien, funciona como una plataforma de negociación y coordinación flexible, cuyo impacto dependerá de la capacidad de sus miembros para alinear intereses y gestionar rivalidades. En un entorno global de crecimiento moderado, desafíos ambientales y dilemas tecnológicos, la manera en que BRICS y otros bloques se relacionen entre sí y con las instituciones existentes influirá en la estabilidad del sistema. Para los responsables públicos, las empresas y la sociedad civil, comprender la lógica de estos bloques —sus motivaciones, límites y mecanismos— es una condición necesaria para diseñar estrategias robustas frente a la incertidumbre. Esto implica seguir de cerca las cumbres y comunicados, analizar los datos de comercio e inversión y evaluar cómo interactúan los distintos foros internacionales (https://unctad.org/publication/brics-investment-report). En definitiva, BRICS es tanto un síntoma de la transición hacia un mundo más multipolar como uno de los vehículos a través de los cuales esa transición puede gestionarse de forma más cooperativa o, por el contrario, más conflictiva.