1. Concepto y alcance de la ciencia abierta La ciencia abierta es un paradigma que reconfigura la forma en que se genera, valida, comunica y utiliza el conocimiento científico, con el objetivo de que publicaciones, datos, métodos, software, infraestructuras y recursos formativos sean abiertos, accesibles, interoperables y reutilizables. No se limita a liberar resultados finales, sino que abarca todo el ciclo de investigación, desde la formulación de preguntas y el diseño de estudios hasta la difusión y la evaluación. La Recomendación sobre la Ciencia Abierta de la UNESCO, adoptada en 2021 por 193 Estados Miembros, proporciona la primera definición internacionalmente consensuada de ciencia abierta y establece un marco de valores, principios y ámbitos de acción (https://www.unesco.org/es/legal-affairs/recommendation-open-science). Este paradigma se fundamenta en la idea de la ciencia como bien común, y en el derecho humano a participar en el progreso científico y disfrutar de sus beneficios, consagrado en el artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (https://www.unesco.org/es/articles/introduccion-la-recomendacion-de-la-unesco-sobre-la-ciencia-abierta). La ciencia abierta persigue que el conocimiento científico esté disponible más allá de fronteras geográficas, económicas, disciplinarias o institucionales, integrando actores diversos: científicos de distintas etapas de carrera, responsables de políticas públicas, comunidades locales, pueblos indígenas, organizaciones de la sociedad civil y sector privado. La colaboración se vuelve así un elemento estructural, y no solo un complemento, ya que la apertura de contenidos y procesos facilita la construcción colectiva de agendas de investigación y soluciones. 2. Principios y valores fundamentales La transparencia es un principio central de la ciencia abierta: implica compartir información suficiente sobre procedimientos, protocolos, materiales, códigos y decisiones analíticas, de modo que otros puedan comprender, evaluar y, cuando sea posible, replicar o extender los resultados. Esta transparencia se favorece mediante el uso de repositorios abiertos para artículos, datos, software, preprints y materiales suplementarios. La reproducibilidad, estrechamente vinculada, supone que otros investigadores puedan repetir el estudio o reaplicar los métodos a otros datos, lo que exige documentación detallada, estándares de metadatos y herramientas abiertas. La equidad y la inclusión buscan corregir desigualdades históricas en el acceso a la ciencia y en la participación en su producción. La Recomendación de la UNESCO subraya la necesidad de integrar perspectivas de género, considerar las barreras que enfrentan países menos adelantados, Estados insulares, países sin litoral y comunidades lingüísticamente minoritarias, y reconocer la diversidad de sistemas de conocimiento, incluidos los saberes indígenas y locales (https://www.unesco.org/es/legal-affairs/recommendation-open-science). La responsabilidad y la ética atraviesan todo el enfoque: la apertura no es absoluta, sino compatible con la protección de datos personales, la confidencialidad cuando sea necesaria y el respeto por los derechos de propiedad intelectual, aprovechando excepciones, flexibilidades y licencias abiertas que amplíen el acceso sin vulnerar derechos. La sostenibilidad y el compromiso con el bien común completan este marco de valores. Sostenibilidad significa que las prácticas e infraestructuras de ciencia abierta deben ser económicamente viables, técnicamente robustas y gobernadas de forma justa, evitando que la apertura dependa exclusivamente de iniciativas voluntaristas o proyectos de corto plazo. El bien común remite a la idea de que el conocimiento científico generado, especialmente con financiación pública, debe beneficiar al conjunto de la sociedad, y no solo a círculos académicos o empresariales restringidos. 3. Componentes y mecanismos clave de la ciencia abierta El acceso abierto a publicaciones es uno de los pilares más consolidados. Consiste en que los resultados de investigación revisados por pares estén disponibles en línea sin barreras de pago, ya sea a través de repositorios (ruta verde) o de revistas de acceso abierto (ruta dorada y variantes). Modelos como el acceso abierto diamante, apoyados por la UNESCO, garantizan que ni lectores ni autores afronten cargos, favoreciendo la equidad y evitando que las tasas por procesamiento de artículos excluyan a investigadores con menos recursos (https://www.unesco.org/es/open-access-scientific-information). Las licencias abiertas, como Creative Commons, aclaran los usos permitidos y facilitan la reutilización responsable. Los datos abiertos de investigación son otra pieza clave. Para que sean útiles, deben gestionarse con criterios FAIR: que sean localizables mediante identificadores persistentes y metadatos ricos; accesibles mediante protocolos estandarizados; interoperables a través de formatos y vocabularios compartidos; y reutilizables gracias a documentación clara y condiciones de uso transparentes. La ciencia abierta promueve planes de gestión de datos desde el inicio de los proyectos, selección de repositorios adecuados (disciplinarios, institucionales o genéricos) y mecanismos de acceso diferenciado para datos sensibles o que requieren protección especial. El software y hardware abiertos incrementan la transparencia y la capacidad de colaboración en entornos altamente digitalizados. Publicar el código fuente en repositorios públicos, bajo licencias de software libre, permite que otros revisen algoritmos, detecten errores, propongan mejoras y adapten herramientas a nuevos contextos. El hardware abierto incluye diseños de instrumentos y dispositivos que pueden replicarse y modificarse localmente, reduciendo costos y ampliando capacidades, especialmente en contextos con recursos limitados. La revisión por pares y la evaluación abiertas exploran nuevas formas de hacer visibles los procesos evaluativos, por ejemplo mediante la publicación de informes de revisión, la revisión firmada o la participación de comunidades amplias en la discusión de resultados. Paralelamente, la ciencia ciudadana integra a personas no profesionales en tareas de recolección, clasificación o análisis de datos, así como en la definición de preguntas de investigación. Los recursos educativos abiertos (REA) permiten que materiales formativos basados en la mejor evidencia se adapten y reutilicen para distintos niveles educativos y contextos. 4. Cronología y evolución del movimiento La evolución de la ciencia abierta se entrelaza con transformaciones tecnológicas, políticas y culturales. A finales del siglo XX, la expansión de internet y de las tecnologías digitales propició debates sobre el acceso al conocimiento. En 1999, la Conferencia Mundial sobre la Ciencia celebrada en Budapest sentó las bases de un nuevo contrato entre ciencia y sociedad, enfatizando la responsabilidad social de la ciencia. Poco después, la Iniciativa de Budapest para el Acceso Abierto (2002), la Declaración de Bethesda (2003) y la Declaración de Berlín (2003) definieron principios fundacionales para la publicación de acceso abierto y alentaron a instituciones y financiadores a adoptarlos. En el ámbito de la UNESCO, una estrategia específica sobre libre acceso a la información y la investigación científicas fue aprobada en 2011, orientando acciones para apoyar repositorios, portales y marcos normativos favorables al acceso abierto (https://www.unesco.org/es/open-access-scientific-information). En 2017, la Recomendación sobre la Ciencia y los Investigadores Científicos actualizó principios sobre la función social de los científicos y la ciencia como bien común. Dos años más tarde, la Recomendación sobre Recursos Educativos Abiertos fomentó la creación, uso y adaptación de materiales educativos abiertos. La Recomendación sobre la Ciencia Abierta de 2021 sintetiza y amplía este recorrido, articulando una definición común, valores y un conjunto de medidas para una implementación justa y equitativa. La UNESCO ha apoyado además iniciativas de formación, como el curso en línea masivo «Ciencia abierta: De la Recomendación a la acción», orientado a trasladar los principios de la Recomendación a prácticas concretas en América Latina y el Caribe (https://openlearning.unesco.org/courses/course-v1:UNESCO+SHS+2024/about). Estos programas buscan traducir el marco normativo en capacidades efectivas para investigadores, gestores de ciencia y responsables de políticas. 5. Ciencia abierta y colaboración La ciencia abierta potencia la colaboración al ofrecer un entorno donde la circulación de información es más fluida y las barreras de acceso se reducen. Investigadores de diferentes países y disciplinas pueden trabajar con los mismos conjuntos de datos, contribuir a infraestructuras digitales compartidas y sumarse a consorcios que abordan problemas complejos, como las pandemias o la crisis climática. El uso de repositorios, plataformas colaborativas y estándares comunes facilita la construcción incremental de conocimiento, donde distintos equipos mejoran, corrigen o amplían los resultados de otros. La colaboración internacional se ve reforzada por marcos y proyectos que conectan regiones, como las iniciativas coordinadas por OpenAIRE para fortalecer la ciencia abierta y la colaboración académica entre Europa y América Latina (https://www.openaire.eu/strengthening-open-science-academic-collaboration-between-europe-latin-america). Estas iniciativas trabajan en la interoperabilidad de repositorios, la alineación de políticas de acceso abierto y datos abiertos, y el intercambio de buenas prácticas. La ciencia abierta también promueve la colaboración entre sectores: gobiernos que utilizan datos abiertos para diseñar políticas, empresas que desarrollan soluciones basadas en resultados científicos abiertos, organizaciones sociales que co-diseñan investigaciones sobre problemáticas locales y comunidades que participan en proyectos de ciencia ciudadana. La pandemia de COVID-19 mostró el impacto de la colaboración abierta: gran parte de los artículos relacionados con el virus y sus efectos se pusieron en acceso abierto, acelerando la circulación de resultados y el desarrollo de vacunas y tratamientos. En dos años, la proporción de publicaciones sobre COVID-19 detrás de muros de pago se redujo a cerca del 30 %, frente a aproximadamente el 70 % habitual para otras áreas, evidenciando la capacidad del sistema científico de volverse más abierto cuando la urgencia lo exige (https://www.unesco.org/es/articles/la-unesco-establece-ambiciosas-normas-internacionales-para-la-ciencia-abierta). 6. Beneficios y oportunidades de la ciencia abierta Entre los beneficios científicos destaca la mejora de la calidad y confiabilidad de los resultados. La disponibilidad de datos, códigos y protocolos permite detectar errores, reproducir análisis y verificar conclusiones, lo que fortalece la confianza en la ciencia. La reutilización de datos facilita nuevas investigaciones sin necesidad de repetir costosos procesos de recolección, y fomenta aproximaciones interdisciplinarias. La ciencia abierta también puede acortar los tiempos entre el descubrimiento y su aplicación práctica, al reducir demoras en la circulación de resultados. En el plano económico y de innovación, la apertura permite que empresas, emprendedores y organizaciones sociales accedan a conocimiento de frontera sin barreras de pago, generando oportunidades para desarrollar productos, servicios y políticas basadas en evidencia. La UNESCO destaca que las infraestructuras y prácticas de ciencia abierta pueden generar un rendimiento considerable de las inversiones públicas en investigación, al optimizar la utilización de recursos y potenciar asociaciones económicas basadas en conocimiento compartido (https://www.unesco.org/es/legal-affairs/recommendation-open-science). Desde una perspectiva social y política, la ciencia abierta favorece la transparencia y la rendición de cuentas, ya que la ciudadanía puede acceder a la evidencia que sustenta decisiones públicas. Esto es especialmente relevante para los Objetivos de Desarrollo Sostenible, muchos de los cuales dependen de contribuciones científicas continuas, por ejemplo en salud, educación, agua, energía, clima o ciudades sostenibles. El acceso abierto a la información científica contribuye a que más actores puedan participar informadamente en la formulación de políticas y en la vigilancia de su implementación (https://www.unesco.org/es/open-access-scientific-information). 7. Riesgos, desafíos y tensiones A pesar de sus ventajas, la ciencia abierta enfrenta obstáculos significativos. Uno de ellos es la persistente brecha digital: muchas instituciones carecen de conectividad adecuada, infraestructura tecnológica o personal capacitado para implementar prácticas de gestión de datos, repositorios o servicios de apoyo. Esto puede profundizar desigualdades si la apertura se adopta principalmente en contextos bien dotados. La predominancia de ciertas lenguas, especialmente el inglés, también puede invisibilizar conocimientos producidos en otras lenguas o limitar la participación plena de investigadores y comunidades locales. Existen tensiones en torno a los modelos económicos de la publicación científica. Si bien el acceso abierto elimina barreras para los lectores, algunos modelos trasladan los costos a los autores mediante cargos por procesamiento de artículos, lo que puede excluir a quienes no cuentan con financiación adecuada. La UNESCO aboga por modelos comunitarios y sin fines de lucro, como el acceso abierto diamante, que buscan evitar estas inequidades (https://www.unesco.org/es/open-access-scientific-information). La sostenibilidad financiera de repositorios y plataformas abiertas, incluidos aquellos gestionados por comunidades académicas, plantea además retos a largo plazo. En el ámbito ético y legal, la apertura de datos requiere salvaguardas para proteger la privacidad, evitar la reidentificación de personas o comunidades y prevenir usos discriminatorios o dañinos de la información. También se plantea el riesgo de apropiación indebida de conocimientos tradicionales o indígenas si se comparten sin mecanismos de consentimiento y gobernanza adecuados. Al mismo tiempo, la proliferación de revistas depredadoras y la sobreabundancia de información exigen competencias críticas para evaluar la calidad de las fuentes y resultados. Finalmente, los sistemas de evaluación académica basados en métricas cuantitativas siguen desincentivando en muchos casos la inversión de tiempo y recursos en prácticas de apertura y colaboración. 8. Ciencia abierta en América Latina y el Caribe América Latina y el Caribe han desarrollado un modelo distintivo de ciencia abierta, especialmente en acceso abierto a publicaciones. Redes de repositorios como LA Referencia y plataformas editoriales cooperativas como Redalyc, SciELO y AmeliCA han consolidado un ecosistema donde la mayoría de las revistas no cobra a lectores ni autores, financiadas principalmente por universidades públicas, consorcios y organismos públicos. Este modelo prioriza la función social de la publicación científica y la circulación de conocimiento en lenguas regionales, como el español y el portugués, contribuyendo a la diversidad lingüística y epistémica (https://doi.org/10.5281/zenodo.7097514). El estudio «El Ecosistema Digital de Ciencia Abierta de América Latina y el Caribe» analiza las infraestructuras, políticas y prácticas de la región, identificando fortalezas como la tradición cooperativa y el compromiso con modelos no comerciales, así como brechas en materia de interoperabilidad, estándares comunes, datos abiertos y sostenibilidad económica (https://doi.org/10.5281/zenodo.7097514). La región enfrenta retos relacionados con la estabilidad del financiamiento de plataformas abiertas, la integración de sistemas nacionales heterogéneos y el reconocimiento internacional de sus revistas y repositorios. La colaboración entre Europa y América Latina, impulsada por OpenAIRE y otras redes, busca fortalecer la ciencia abierta a través de la interoperabilidad entre repositorios, el desarrollo conjunto de políticas de acceso abierto y apoyo a datos abiertos, y la creación de servicios compartidos para investigadores e instituciones (https://www.openaire.eu/strengthening-open-science-academic-collaboration-between-europe-latin-america). Estas alianzas pueden ayudar a consolidar el ecosistema regional y a proyectar internacionalmente el conocimiento producido en América Latina y el Caribe. 9. Instrumentos normativos, infraestructuras y capacidades La Recomendación sobre la Ciencia Abierta de la UNESCO estructura la acción de los Estados en siete áreas prioritarias: desarrollar una comprensión común de la ciencia abierta; crear un entorno normativo propicio; invertir en infraestructuras y servicios; fortalecer recursos humanos y capacidades; fomentar una cultura de ciencia abierta y alinear incentivos; promover enfoques innovadores a lo largo del ciclo científico; y potenciar la cooperación internacional y multipartita (https://www.unesco.org/es/legal-affairs/recommendation-open-science). Estos ejes orientan reformas legales, políticas y organizativas en los niveles nacional, institucional y de los sistemas de investigación. Las infraestructuras de ciencia abierta incluyen repositorios de publicaciones y datos, portales nacionales y regionales, sistemas de preservación digital, plataformas de colaboración y herramientas de descubrimiento. La iniciativa sobre Acceso Abierto a la Información Científica de la UNESCO y el Portal Global de Acceso Abierto (GOAP) ofrecen recursos, datos y servicios para apoyar la implantación del acceso abierto en distintos contextos (https://www.unesco.org/es/open-access-scientific-information). La construcción de capacidades abarca formación en gestión de datos, derechos de autor, uso de licencias abiertas, evaluación responsable y diseño de proyectos de ciencia ciudadana. 10. Recomendaciones prácticas para actores clave Para investigadores y grupos de investigación, pasos concretos incluyen registrar un identificador persistente personal, depositar manuscritos en repositorios abiertos, planificar la apertura de datos desde el inicio del proyecto, usar herramientas colaborativas para documentar y compartir código, y seleccionar revistas alineadas con principios de ciencia abierta. También pueden desarrollar políticas internas de autoría y compartición de datos que clarifiquen responsabilidades y tiempos de apertura. Las instituciones académicas y centros de investigación pueden adoptar políticas de acceso abierto que definan obligaciones de depósito, criterios de calidad y responsabilidades de las unidades de apoyo. Invertir en repositorios interoperables, servicios de gestión de datos y programas de capacitación es clave para que la ciencia abierta no dependa únicamente de iniciativas individuales. Incluir la participación en prácticas de ciencia abierta como criterio en evaluaciones de desempeño, promoción y reconocimiento ayuda a alinear incentivos. Los gobiernos y agencias de financiación pueden exigir que investigaciones financiadas con fondos públicos publiquen resultados y, cuando sea posible, datos en acceso abierto, con tiempos claros de embargo y excepciones justificadas para casos sensibles. También pueden financiar infraestructuras de ciencia abierta, apoyar consorcios editoriales sin fines de lucro y promover acuerdos que eviten aumentos desproporcionados de costos para instituciones y autores. La coordinación entre ministerios, agencias y órganos reguladores facilita la coherencia de las políticas nacionales. La ciudadanía, las comunidades y las organizaciones sociales pueden implicarse en proyectos de ciencia ciudadana, participar en la definición de agendas de investigación, usar evidencia abierta en procesos de incidencia y deliberación pública y colaborar en la validación y contextualización de resultados. Esto refuerza el contrato social entre ciencia y sociedad, objetivo destacado por la UNESCO y por programas formativos como el MOOC «Ciencia abierta: De la Recomendación a la acción» (https://openlearning.unesco.org/courses/course-v1:UNESCO+SHS+2024/about). 11. Conclusiones La ciencia abierta y la colaboración ofrecen un marco potente para reorientar los sistemas de ciencia, tecnología e innovación hacia el bien común, la equidad y la sostenibilidad. Al integrar apertura, cooperación y responsabilidad, este enfoque puede reducir brechas en acceso al conocimiento, acelerar la respuesta a desafíos globales y fortalecer la legitimidad de la ciencia en la sociedad. No obstante, su éxito depende de transformaciones estructurales: reformar sistemas de evaluación, asegurar la sostenibilidad de infraestructuras abiertas, financiar modelos editoriales equitativos, proteger datos y derechos de comunidades, y construir capacidades en todos los niveles. Los instrumentos normativos de la UNESCO, las iniciativas de acceso abierto y datos abiertos, y las experiencias regionales como las de América Latina y el Caribe y la cooperación Europa–ALC proporcionan ejemplos concretos de cómo avanzar (https://explore.openaire.eu/search/publication?pid=10.5281/zenodo.5747674). La construcción de una cultura de ciencia abierta exige tiempo, aprendizaje colectivo y participación amplia, pero ofrece una vía prometedora para que la ciencia contribuya de manera más directa, justa y sostenible al desarrollo humano y a la resolución de problemas complejos.