1. Introducción y visión general La fusión nuclear y los nuevos reactores nucleares de fisión avanzada ocupan un lugar central en los escenarios de descarbonización profunda del sector energético. La demanda mundial de electricidad crece impulsada por la electrificación del transporte, la climatización y la industria, mientras se intensifica la presión por reducir emisiones. En este contexto, tecnologías capaces de aportar potencia firme, flexible y baja en carbono resultan estratégicas. La fusión aspira a ofrecer una fuente casi inagotable de energía, y los nuevos reactores de fisión representan una evolución de una tecnología ya desplegada a gran escala (https://www.iaea.org/es/newscenter/news/energia-de-fusion-en-2025-seis-tendencias-mundiales-para-contemplar). Hoy en día, alrededor del 9 por ciento de la electricidad mundial procede de unos 440 reactores de fisión en operación en 31 países, mientras unas 70 a 75 unidades adicionales están en construcción y más de 100 se encuentran planificadas o propuestas, con un fuerte protagonismo de Asia (https://www.world-nuclear.org/information-library/nuclear-power-reactors/overview/nuclear-power-reactors, https://www.world-nuclear.org/information-library/current-and-future-generation/plans-for-new-reactors-worldwide). La fusión, por su parte, sigue en fase experimental, pero se apoya en proyectos internacionales de gran escala y en una creciente inversión privada que supera los 10 000 millones de dólares a nivel mundial (https://www.iaea.org/es/newscenter/news/energia-de-fusion-en-2025-seis-tendencias-mundiales-para-contemplar). 2. Fundamentos físicos de la fusión nuclear La fusión nuclear se basa en la propiedad de que los núcleos ligeros, como el hidrógeno y sus isótopos, tienen una energía de enlace por nucleón menor que los núcleos de masa intermedia, como el helio. Al fusionarse, parte de la masa total se convierte en energía, que se libera en forma de energía cinética de las partículas resultantes. La reacción más accesible con la tecnología actual es la deuterio tritio, en la que un núcleo de deuterio se combina con uno de tritio para formar helio 4 y un neutrón de alta energía, liberando 17,6 MeV por reacción (https://www.world-nuclear.org/information-library/current-and-future-generation/nuclear-fusion-power). En el interior de las estrellas, la fusión ocurre gracias a la enorme presión gravitatoria y a temperaturas de varios millones de grados. En la Tierra, al no disponerse de esa gravedad, es necesario alcanzar temperaturas superiores a los 100 millones de grados Celsius para que una fracción significativa de los núcleos tenga energía suficiente para superar la barrera de repulsión eléctrica. En ese régimen, los electrones quedan libres y la materia adopta el estado de plasma, un gas ionizado con propiedades colectivas gobernadas por campos eléctricos y magnéticos (https://www.iaea.org/es/energia-de-fusion/que-es-la-fusion-y-por-que-es-tan-dificil-de-lograr). El criterio de Lawson establece que la viabilidad de la fusión depende del producto de densidad de partículas, temperatura y tiempo de confinamiento del plasma. Si este producto supera un valor umbral, la potencia generada por fusión puede igualar o superar la potencia necesaria para calentar el plasma. El factor de ganancia Q cuantifica esta relación entre potencia generada y potencia inyectada. Un reactor de demostración como ITER se propone alcanzar un Q de al menos 10 durante pulsos sostenidos, lo que significaría que el plasma se calienta en buena medida por las partículas alfa producidas en la propia fusión (https://www.iaea.org/es/energia-de-fusion/iter-el-experimento-de-fusion-mas-grande-del-mundo). 3. Combustibles de fusión y ciclo de combustible El deuterio es un isótopo estable del hidrógeno que se encuentra en el agua de mar con una concentración de unas decenas de gramos por metro cúbico. La cantidad total accesible es tan grande que, incluso si la fusión se convirtiera en una fuente dominante de energía, el recurso sería prácticamente inagotable a escala de millones de años (https://www.world-nuclear.org/information-library/current-and-future-generation/nuclear-fusion-power). El tritio, en cambio, es un isótopo radiactivo con vida media de unos 12 años, casi inexistente de forma natural, por lo que debe generarse artificialmente. La estrategia de los reactores de fusión D T es incorporar un manto alrededor del plasma que contenga litio en forma de sólidos cerámicos o de mezclas líquidas litio plomo. Los neutrones de 14 MeV producidos en la reacción de fusión penetran en el manto y son absorbidos por el litio, generando tritio y helio. El diseño debe asegurar un índice de reproducción de tritio superior a la unidad, de modo que se produzca más tritio del que consume el reactor, compensando pérdidas y decaimiento. Además de producir combustible, el manto tiene una función térmica: absorber la energía de los neutrones y transferirla a un refrigerante que alimenta un ciclo de vapor o de gas, similar al de una central térmica o nuclear convencional. Se estudian refrigerantes como agua a alta presión, helio, y eutécticos de litio plomo, cada uno con ventajas distintas en materia de transferencia de calor, compatibilidad química y respuesta ante accidentes. En la fase de transición, el tritio adicional podría producirse en reactores de fisión o mediante irradiación de litio en instalaciones específicas. El manejo del tritio plantea desafíos de seguridad y diseño, porque se trata de un emisor beta de baja energía que se difunde con facilidad y se incorpora al agua. Los diseños de planta deben minimizar fugas, facilitar la recuperación y asegurar que las emisiones al medio ambiente se mantengan muy por debajo de límites radiológicos estrictos. 4. Tecnologías de fusión y conceptos de reactor En la fusión por confinamiento magnético, el dispositivo de referencia es el tokamak. Se trata de una cámara toroidal rodeada de bobinas magnéticas que generan un intenso campo toroidal, al que se suma un campo poloidal inducido por una corriente en el propio plasma. El resultado es un campo helicoidal que confina las partículas cargadas lejos de las paredes. El plasma se calienta mediante inducción, inyección de haces neutros de alta energía y ondas de radiofrecuencia. Los tokamaks han logrado hasta ahora los mejores resultados de confinamiento y densidad de potencia de fusión, pero sufren problemas de estabilidad, como las disrupciones, que pueden generar esfuerzos térmicos y mecánicos importantes en la estructura (https://www.world-nuclear.org/information-library/current-and-future-generation/nuclear-fusion-power). Los estelaradores persiguen el mismo objetivo de confinamiento, pero generan el campo helicoidal únicamente con bobinas externas de geometría compleja, sin necesidad de mantener una gran corriente en el plasma. Esto mejora la estabilidad y permite, en principio, operación continua, lo que resulta atractivo para una futura planta eléctrica. El precio es un diseño magnético mucho más complicado y exigencias de fabricación muy altas. Otros conceptos de confinamiento magnético incluyen los dispositivos de campo inverso, RFP, y las máquinas de espejo, en las que el campo magnético se intensifica en los extremos para reflejar las partículas cargadas. Aunque han tenido un papel más limitado que los tokamaks y estelaradores, aportan información valiosa sobre la física de plasmas y posibles vías alternativas. En la fusión por confinamiento inercial, instalaciones como el National Ignition Facility utilizan hasta 192 haces láser de alta potencia concentrados sobre una pequeña cápsula que contiene deuterio y tritio. La superficie de la cápsula se vaporiza y se expulsa hacia afuera, generando una implosión que comprime el combustible interno hasta densidades mil veces superiores a las del líquido, donde se alcanzan condiciones de fusión. La reacción dura menos de una milmillonésima de segundo, limitada por la inercia del combustible (https://www.world-nuclear.org/information-library/current-and-future-generation/nuclear-fusion-power). El esquema de ignición rápida introduce un segundo pulso láser ultra intenso dirigido al núcleo comprimido para elevar aún más la temperatura y mejorar la eficiencia. Enfoques de fusión magneto inercial emplean campos magnéticos para reducir la pérdida de calor durante la compresión, permitiendo tiempos de compresión más largos y sistemas de impulsión más diversos, como pistones mecánicos o compresión electromagnética. Empresas y laboratorios exploran también conceptos de Z pinch, donde una corriente intensa en un plasma genera un campo magnético que lo comprime, produciendo rayos X que a su vez pueden implosionar un blanco de combustible. Por último, los sistemas híbridos fusión fisión plantean utilizar un pequeño núcleo de fusión como fuente intensa de neutrones para alimentar un manto subcrítico de material fisible o fertil, con aplicaciones potenciales en la transmutación de residuos de larga vida y la producción de combustible para reactores rápidos. 5. Proyectos y programas internacionales clave ITER es un tokamak de gran tamaño, con unas 23 000 toneladas y cerca de 30 metros de altura, que se construye en un sitio de 180 hectáreas en el sur de Francia. Su objetivo principal es demostrar que la fusión puede producir mucha más energía de la que se suministra al plasma, y validar tecnologías necesarias para una central eléctrica, como los mantos tritigénicos y los sistemas de extracción de calor (https://www.iaea.org/es/energia-de-fusion/iter-el-experimento-de-fusion-mas-grande-del-mundo). El esquema de operación de ITER prevé etapas sucesivas, empezando por plasmas de hidrógeno y helio para ajustar el control, seguidas por campañas con deuterio y finalmente con mezcla deuterio tritio. Se aspira a producir 500 megavatios de potencia de fusión con unos 50 megavatios de potencia de calentamiento durante pulsos de 5 a 10 minutos, alcanzando un valor Q igual o superior a 10. Asimismo, se busca estudiar regímenes en los que el plasma se autosostenga con Q en torno a 5 durante periodos más largos, condición esencial para futuras plantas eléctricas. La central de demostración de fusión, DEMO, está concebida como sucesora de ITER y primera instalación capaz de entregar electricidad a la red de forma continua. Según estimaciones iniciales, DEMO deberá tener dimensiones lineales aproximadamente un 15 por ciento mayores que ITER y una densidad de plasma casi un 30 por ciento superior, para producir un flujo de energía suficiente para la conversión eléctrica a gran escala (https://www.iaea.org/es/temas/fusion). Aunque existen múltiples conceptos de DEMO en estudio, comparten la idea de operar en regímenes de encendido parcial, con una contribución significativa del calentamiento propio por partículas alfa. La Instalación Internacional de Irradiación de Materiales de Fusión, IFMIF, se proyecta como una fuente de neutrones de alta intensidad con espectro similar al de los neutrones de fusión de 14 MeV. Su función sería ensayar y calificar materiales estructurales y de manto bajo condiciones representativas de una planta de fusión, algo que no puede lograrse con fuentes de neutrones de fisión convencionales (https://www.iaea.org/es/temas/fusion). A escala global, más de 50 Estados llevan a cabo programas de fusión o física de plasmas. El Organismo Internacional de Energía Atómica coordina buena parte de estas actividades a través de la revista Nuclear Fusion, conferencias bienales sobre energía de fusión, talleres específicos sobre DEMO y redes de investigación, además de mantener bases de datos y apoyar actividades de formación (https://www.iaea.org/es/temas/fusion, https://www.iaea.org/es/energia-de-fusion/que-es-la-fusion-y-por-que-es-tan-dificil-de-lograr). En los últimos años, la inversión privada se ha vuelto un motor importante. Fondos soberanos, grandes empresas y compañías eléctricas invierten en startups que exploran conceptos alternativos, como tokamaks compactos con imanes superconductores de alta temperatura, dispositivos de campo invertido o máquinas de espejo. Las perspectivas de fusión del OIEA destacan que, con costes de capital suficientemente bajos, la fusión podría aportar del 10 al 50 por ciento de la electricidad mundial a finales de siglo, según escenarios de modelización desarrollados por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (https://www.iaea.org/es/newscenter/news/energia-de-fusion-en-2025-seis-tendencias-mundiales-para-contemplar). 6. Nuevos reactores nucleares de fisión Los reactores nucleares de potencia actuales se basan en la fisión de núcleos pesados, principalmente uranio 235, en un núcleo donde se mantiene una reacción en cadena controlada. La energía liberada en cada fisión, unos 200 MeV, se convierte en calor que se transfiere a un refrigerante, habitualmente agua ligera, que a su vez produce vapor para accionar turbinas eléctricas. Los diseños comerciales se agrupan en varias familias, con dos tipos dominantes: el reactor de agua a presión, PWR, y el reactor de agua en ebullición, BWR (https://www.world-nuclear.org/information-library/nuclear-power-reactors/overview/nuclear-power-reactors). En los PWR, el agua actúa simultáneamente como refrigerante y moderador, circulando por el núcleo a alta presión, por encima de 150 atmósferas, para evitar su ebullición. El calor se transfiere a un circuito secundario mediante generadores de vapor, en el que se produce vapor para la turbina. En los BWR, el agua hierve directamente en el núcleo y el vapor generado se conduce a la turbina, simplificando el diseño pero requiriendo blindajes y procedimientos específicos, ya que el circuito de vapor contiene trazas de radionúclidos. Otros tipos incluyen los reactores de agua pesada a presión, como los CANDU, que utilizan agua pesada como moderador y pueden operar con uranio natural, así como reactores refrigerados por gas, como los AGR, y reactores rápidos refrigerados por sodio, plomo o compuestos de sodio potasio. En los reactores rápidos, la ausencia de moderador permite aprovechar mejor el uranio 238, produciendo y fisiónando plutonio y otros actínidos, con potencial para cerrar el ciclo de combustible y reducir el inventario de residuos de larga vida. Los llamados reactores de Generación III plus incorporan características de seguridad pasiva, como sistemas de enfriamiento que dependen de la convección natural y la gravedad, y estructuras de contención reforzadas. Buscan reducir la probabilidad de daño al núcleo incluso en situaciones extremas, simplificar la operación y prolongar la vida útil de los componentes. Más allá, los conceptos de Generación IV abarcan diseños como reactores rápidos de sodio, reactores de alta temperatura refrigerados por gas y reactores de sales fundidas, orientados a una mejor utilización del combustible, temperaturas de salida más altas y aplicaciones industriales diversas. Los pequeños reactores modulares, SMR, son diseños de potencia unitaria típicamente inferior a 300 megavatios eléctricos, pensados para fabricación en fábrica y montaje en sitio. Ofrecen ventajas potenciales en reducción de costes iniciales por unidad, escalabilidad modular, aplicaciones en redes aisladas o sistemas de calor de distrito, y facilidades de integración con renovables. Entre los SMR en desarrollo se cuentan diseños basados en agua ligera, en reactores rápidos de sodio y en tecnologías de alta temperatura (https://www.world-nuclear.org/information-library/current-and-future-generation/plans-for-new-reactors-worldwide). 7. Ventajas potenciales de la fusión y de los nuevos reactores La fusión nuclear presenta varias ventajas conceptuales. El combustible primario, deuterio y litio para producir tritio, es abundante y está ampliamente distribuido. El volumen de combustible necesario es muy pequeño: en teoría, unos pocos gramos de deuterio y tritio podrían cubrir el consumo energético de una persona de un país desarrollado durante toda su vida (https://www.iaea.org/es/energia-de-fusion/que-es-la-fusion-y-por-que-es-tan-dificil-de-lograr). Durante la operación no se emiten gases de efecto invernadero ni contaminantes atmosféricos. En términos de seguridad, la fusión carece de la posibilidad de un accidente de criticidad descontrolado. El plasma debe mantenerse en condiciones muy específicas; cualquier perturbación que degrade esas condiciones tiende a apagar la reacción. Además, no se manipulan grandes inventarios de combustible en el núcleo, y los residuos principales son materiales estructurales activados por neutrones, que pueden diseñarse para tener vidas medias relativamente cortas, del orden de decenios, mediante la selección cuidadosa de aleaciones (https://www.world-nuclear.org/information-library/current-and-future-generation/nuclear-fusion-power). Los nuevos reactores de fisión ofrecen a corto y medio plazo una vía probada para aumentar la generación baja en carbono. Sus ventajas incluyen una alta densidad energética, factores de carga elevados, capacidad para producir calor de proceso de alta temperatura y posibles sinergias con la producción de hidrógeno y combustibles sintéticos. Los diseños avanzados prometen una mayor tolerancia a accidentes, menor producción de residuos por unidad de energía producida, y en algunos casos capacidad para consumir actínidos menores. Desde la perspectiva del sistema eléctrico, tanto la fusión como los nuevos reactores de fisión pueden aportar potencia firme y servicios de estabilidad de red, complementando a las tecnologías renovables variables como la solar y la eólica. Esto facilita alcanzar objetivos de descarbonización ambiciosos con menor necesidad de almacenamiento de larga duración, siempre que se gestionen adecuadamente los costes y los plazos de implantación. 8. Desafíos técnicos, económicos y regulatorios Los avances científicos de las últimas décadas han acercado la fusión controlada al umbral de la viabilidad, pero quedan importantes retos. En los tokamaks, el control de disrupciones, modos magnetohidrodinámicos y fenómenos en el borde del plasma exige complejos sistemas de diagnóstico, actuadores de precisión y algoritmos de control avanzados. Los materiales en contacto con el plasma y expuestos a neutrones de alta energía deben resistir daños por desplazamiento atómico, hinchamiento, fragilización y transmutación, manteniendo a la vez propiedades mecánicas adecuadas y compatibilidad con el refrigerante (https://www.world-nuclear.org/information-library/current-and-future-generation/nuclear-fusion-power). El diseño de mantos tritigénicos combina desafíos de física de neutrones, ingeniería térmica, química del litio y gestión de tritio. Lograr un índice de reproducción de tritio superior a uno con márgenes de seguridad requiere optimizar geometrías, materiales y espesores, típicamente en torno al metro, lo que afecta al rendimiento global de la planta. A ello se suman cuestiones de licenciamiento, ya que los marcos regulatorios existentes se han desarrollado en torno a la fisión y solo recientemente comienzan a incorporarse criterios específicos para la fusión (https://www.iaea.org/es/newscenter/news/energia-de-fusion-en-2025-seis-tendencias-mundiales-para-contemplar). En el plano económico, las instalaciones de fusión de gran tamaño implican inversiones iniciales muy elevadas, horizontes de construcción largos y riesgos tecnológicos que pueden dificultar la financiación. Será crucial reducir complejidad, introducir modularidad y aprovechar economías de escala en la fabricación de componentes clave, como imanes superconductores de alta temperatura, que a su vez están transformando el diseño de máquinas más compactas. Los nuevos reactores de fisión también enfrentan desafíos. El historial de sobrecostes y retrasos de algunas plantas de gran potencia ha generado cautela entre inversores y reguladores. La gestión del combustible gastado y de los residuos de alta actividad exige soluciones de almacenamiento y disposición geológica de largo plazo, sujetas tanto a criterios técnicos como a aceptación social. La proliferación nuclear es otra preocupación: ciertos ciclos avanzados podrían facilitar el acceso a materiales de uso dual si no se someten a salvaguardias estrictas (https://www.world-nuclear.org/information-library/nuclear-power-reactors/overview/nuclear-power-reactors). Además, la percepción pública del riesgo nuclear sigue influyendo en las decisiones políticas. La comunicación transparente sobre riesgos y beneficios, los aprendizajes extraídos de accidentes históricos y la mejora continua de la cultura de seguridad son elementos necesarios para sostener o recuperar la confianza social. 9. Cronología y evolución histórica La comprensión teórica de la fusión nuclear se consolidó en la década de 1930, cuando se identificó la fusión de núcleos ligeros como fuente de energía de las estrellas. A partir de mediados del siglo XX, varios países iniciaron programas de fusión con fines energéticos, inicialmente bajo fuerte secreto debido a su relación con las armas termonucleares. La conferencia de Ginebra de 1958 sobre usos pacíficos de la energía atómica marcó un punto de inflexión al abrir estos programas a la comunidad científica internacional (https://www.iaea.org/es/energia-de-fusion/que-es-la-fusion-y-por-que-es-tan-dificil-de-lograr). En los años cincuenta se desarrollaron los primeros dispositivos de confinamiento magnético, incluidos los estelaradores de Lyman Spitzer en Princeton. En los sesenta y setenta, los tokamaks soviéticos demostraron mejoras significativas en el confinamiento, lo que llevó a que la fusión se convirtiera en una empresa de gran ciencia, con instalaciones cada vez más grandes y costosas (https://www.world-nuclear.org/information-library/current-and-future-generation/nuclear-fusion-power). El Organismo Internacional de Energía Atómica lanzó en 1960 la revista Nuclear Fusion y, poco después, una serie de conferencias internacionales de energía de fusión, que desde 1974 se celebran con periodicidad bienal (https://www.iaea.org/es/temas/fusion). Tras décadas de negociaciones, el acuerdo para construir ITER se firmó en la primera década del siglo XXI, estableciendo un proyecto conjunto de gran envergadura en Francia. En paralelo, la energía nuclear de fisión vivió un rápido despliegue comercial desde los años sesenta, alcanzando cientos de reactores operativos en las décadas siguientes. Tras la consolidación de diseños de segunda generación, se desarrollaron reactores de tercera generación con mejoras de seguridad, y se detalla una hoja de ruta hacia conceptos más avanzados. En algunos países, cambios políticos han llevado a moratorias o planes de cierre, mientras otros han reforzado o relanzado sus programas de construcción (https://www.world-nuclear.org/information-library/current-and-future-generation/plans-for-new-reactors-worldwide, https://www.world-nuclear.org/information-library/country-profiles/countries-o-s/spain). En las últimas décadas, la agenda climática y de seguridad energética ha devuelto protagonismo a la discusión sobre el papel de la energía nuclear, con debates nacionales, como el de España, donde una flota de siete reactores ha llegado a aportar cerca de una quinta parte de la generación eléctrica y se han planteado tanto calendarios de cierre como propuestas para reconsiderarlos (https://www.world-nuclear.org/information-library/country-profiles/countries-o-s/spain). 10. Implicaciones y estrategias para la política energética Desde la perspectiva de la planificación energética, la coexistencia de fusión futura y nuevos reactores de fisión permite diseñar estrategias por fases. A corto y medio plazo, los reactores de fisión avanzados y los SMR pueden contribuir a sustituir generación fósil, proporcionar respaldo a renovables, suministrar calor de proceso y producir hidrógeno. A largo plazo, la fusión podría asumir una fracción creciente de la generación de base, reduciendo presión sobre la gestión de residuos de fisión y ampliando el abanico de recursos disponibles (https://www.iaea.org/es/newscenter/news/energia-de-fusion-en-2025-seis-tendencias-mundiales-para-contemplar). Para los gobiernos, resulta clave definir hojas de ruta realistas que integren objetivos climáticos, seguridad de suministro y competitividad económica. Esto incluye priorizar áreas de I D en fusión, como materiales, imanes superconductores de alta temperatura, control avanzado de plasmas y tecnologías de manto, así como apoyar demostradores de fisión avanzada y marcos de licenciamiento más predecibles para nuevas construcciones. Para los reguladores, el reto consiste en adaptar normas concebidas para la fisión a las especificidades de la fusión, sin relajar exigencias de seguridad. Deben considerarse aspectos como el inventario de tritio, la activación de materiales, la gestión de residuos y los posibles escenarios de accidente, así como la interfaz entre instalaciones de fusión y redes eléctricas. Las empresas eléctricas y la industria pueden explorar modelos de negocio que combinen grandes plantas de fisión con SMR y, en el futuro, con módulos de fusión, diversificando riesgos. Una posibilidad es firmar contratos de compra de energía a largo plazo con proyectos de fusión en etapas tempranas, contribuyendo a reducir incertidumbre para inversores, una tendencia que ya se observa en algunos acuerdos preliminares (https://www.iaea.org/es/newscenter/news/energia-de-fusion-en-2025-seis-tendencias-mundiales-para-contemplar). El sector científico y universitario tiene un papel central en la formación de especialistas en física de plasmas, ciencia de materiales, ingeniería nuclear, control y sistemas energéticos integrados. La creación de programas de formación interdisciplinar, la participación en redes internacionales y el acceso a grandes infraestructuras de investigación son elementos clave para sostener el esfuerzo durante décadas. Para la sociedad en su conjunto, la transparencia y la participación resultan esenciales. La toma de decisiones sobre infraestructuras nucleares, ya sea de fusión o de fisión, debe incorporar procesos de consulta, análisis comparativos de riesgos y beneficios frente a otras opciones y mecanismos de seguimiento independiente. 11. Conclusiones La fusión nuclear y los nuevos reactores de fisión no son soluciones mágicas, pero sí herramientas poderosas dentro de un portafolio amplio de tecnologías bajas en carbono. La fusión ofrece la perspectiva de un suministro casi inagotable de energía con residuos gestionables y un perfil de seguridad intrínsecamente favorable. Los nuevos reactores de fisión, por su parte, permiten actuar ya sobre las emisiones, reforzar la seguridad de suministro y preparar el terreno técnico, industrial y regulatorio para la llegada de la fusión. Un enfoque prudente reconoce la incertidumbre tecnológica y económica, pero también el coste de no explorar estas opciones. Asegurar una financiación estable de la I D en fusión, respaldar demostradores de fisión avanzada y construir marcos regulatorios claros y coherentes son pasos necesarios para mantener abiertas estas vías. La cooperación internacional, la estandarización de diseños, la armonización regulatoria y la aceptación social serán factores determinantes para que la fusión nuclear y los nuevos reactores se conviertan en pilares sólidos de los sistemas energéticos del futuro.