1. Introducción y marco conceptual La gestión del agua y las sequías es un campo que combina hidrología, ingeniería, economía, derecho, gobernanza y ciencias sociales. Su objetivo es asegurar que el recurso hídrico se administre de forma sostenible, evitando crisis de abastecimiento, daños económicos y deterioro ecológico, especialmente en contextos de variabilidad climática y cambio climático. La sequía se define como una anomalía climática que implica una reducción significativa de las precipitaciones durante un periodo prolongado respecto a la media histórica. A diferencia de otros riesgos naturales, suele desarrollarse de forma lenta, lo que dificulta percibir el inicio y final del episodio. Esta característica hace crucial disponer de indicadores, umbrales y sistemas de alerta temprana que permitan pasar de una reacción tardía a una gestión anticipatoria. La escasez de agua, por su parte, es un concepto más amplio que integra tanto la disponibilidad física como la forma en que la sociedad utiliza el recurso. Una región puede tener sequía sin escasez (si las demandas son bajas y hay reservas suficientes), o escasez sin sequía (cuando las demandas superan la capacidad de los recursos en un clima normal, por sobreexplotación o mala gestión). La distinción entre sequía y escasez es la base de muchos sistemas modernos de gestión, como los Planes Especiales de Sequía en España (https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/observatorio-nacional-de-la-sequia/planificacion-gestion-sequias.html). El concepto de seguridad hídrica sintetiza estos elementos y se refiere a la capacidad de un país o región para asegurar agua suficiente, de calidad adecuada, accesible y asequible para la población y las actividades productivas, manteniendo la integridad de los ecosistemas acuáticos y reduciendo al mínimo los riesgos asociados a sequías, inundaciones y contaminación. 2. Gobernanza y planificación en España España cuenta con un sistema de gobernanza del agua de larga trayectoria, basado en las demarcaciones hidrográficas y en la figura de las confederaciones hidrográficas, que integran en un mismo ámbito la gestión de los recursos, la planificación, las concesiones y la participación de los usuarios. Este sistema se ha ido adaptando al contexto actual mediante el desarrollo de planes hidrológicos de cuenca, planes especiales de sequía y estrategias específicas frente al cambio climático (https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/sistema-espaniol-gestion-agua.html). Los Planes Especiales de Sequía (PES), inicialmente aprobados en 2007 y revisados mediante la Orden TEC/1399/2018 para las principales demarcaciones hidrográficas intercomunitarias, introducen un sistema doble de indicadores que diferencia la sequía prolongada (ligada al régimen natural de aportaciones y precipitaciones) de la escasez coyuntural (relacionada con la capacidad de atender las demandas). Cada uno de estos indicadores tiene umbrales que definen niveles de normalidad, prealerta, alerta y emergencia, asociados a medidas concretas (https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/observatorio-nacional-de-la-sequia/planificacion-gestion-sequias.html). El Observatorio Nacional de la Sequía consolida la información de estas demarcaciones, publica informes periódicos sobre la situación de sequía y escasez y ofrece mapas actualizados que permiten visualizar, por cuenca, la evolución de los indicadores (https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/observatorio-nacional-de-la-sequia/informes-mapas-seguimiento.html). Esta institucionalización del monitoreo facilita la transparencia y la toma de decisiones coherentes entre diferentes administraciones. La Ley 7/2021, de cambio climático y transición energética, refuerza el papel del agua como eje de adaptación climática. El artículo 19.2 obliga a elaborar orientaciones estratégicas sobre agua y cambio climático, aprobadas en 2022, que identifican los principales retos (disminución de aportaciones, aumento de la variabilidad, intensificación de sequías e inundaciones) y definen líneas de acción para recuperar y proteger las masas de agua, mejorar el saneamiento y la depuración, combatir la contaminación difusa e integrar la gestión de inundaciones y sequías (https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/sistema-espaniol-gestion-agua/estrategia.html). El Libro Verde de la Gobernanza del Agua plantea, además, la necesidad de revisar y reforzar el modelo de gobernanza para hacerlo más transparente, participativo, basado en información robusta y mejor coordinado entre niveles administrativos y sectores (https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/sistema-espaniol-gestion-agua/libro-verde-gobernanza.html). En este contexto, la gestión de sequías no se entiende como un módulo separado, sino como parte integral de la transición hidrológica hacia la seguridad hídrica. 3. Gobernanza y planificación en México En México, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) ejerce un papel central en la regulación, planificación y operación de la infraestructura hidráulica. La Agenda del Agua 2030, elaborada como instrumento de planeación de largo plazo, sintetiza los principales retos del país: desequilibrio entre disponibilidad y demanda, sobreexplotación de acuíferos, contaminación de cuerpos de agua, desigualdad territorial en el acceso y vulnerabilidad frente a fenómenos hidrometeorológicos (https://www.conagua.gob.mx/CONAGUA07/Publicaciones/Publicaciones/SGP-10-12baja.pdf). La Agenda del Agua 2030 estructura la política hídrica en cuatro ejes: cuencas y acuíferos en equilibrio, ríos limpios, cobertura universal de los servicios de agua potable y saneamiento, y asentamientos humanos seguros frente a inundaciones catastróficas (https://agua.org.mx/piden-apoyo-a-ocde-para-agenda-del-agua/). Estos ejes implican tanto inversiones en infraestructura como reformas en gobernanza, incentivos al uso eficiente del agua y protección de ecosistemas. La Política Pública Nacional para la Sequía, formalizada en un documento rector en 2014, establece lineamientos para pasar de una respuesta reactiva a una gestión preventiva del riesgo de sequía, integrando este riesgo en la planificación sectorial, fortaleciendo la coordinación interinstitucional y promoviendo instrumentos como los planes de medidas preventivas y de mitigación (https://www.conagua.gob.mx/CONAGUA07/Contenido/Documentos/Pol%C3%ADtica%20P%C3%BAblica%20Nacional%20para%20la%20Sequ%C3%ADa%20Documento%20Rector.pdf, https://faolex.fao.org/docs/pdf/mex200988.pdf). El Programa Nacional Contra la Sequía (PRONACOSE) operacionaliza estos principios mediante el desarrollo de Programas de Medidas Preventivas y de Mitigación a la Sequía (PMPMS) en cuencas y ciudades. Estos programas definen acciones específicas para distintos niveles de severidad, priorizando la garantía del abastecimiento para la salud y la vida, la protección de ecosistemas y la reducción de impactos económicos (https://www.gob.mx/conagua/acciones-y-programas/programas-de-medidas-preventivas-y-de-mitigacion-a-la-sequia-pmpms-para-ciudades, https://www.iagua.es/noticias/semarnat/programa-nacional-sequia-mexico-instrumento-que-asegura-salud-poblacion). El Monitor de Sequía en México, integrado al North American Drought Monitor, clasifica la sequía en categorías que van desde condiciones anormalmente secas hasta sequía excepcional. Esta herramienta, vinculada al Programa Nacional Contra la Sequía, se alimenta de datos climáticos e hidrológicos y se coordina con el Sistema Nacional de Información del Agua para apoyar decisiones en agricultura, gestión urbana y protección civil (https://smn.conagua.gob.mx/es/climatologia/monitor-de-sequia/monitor-de-sequia-en-mexico, https://es.wikipedia.org/wiki/Escasez_h%C3%ADdrica_en_M%C3%A9xico). 4. Cronología básica comparada - España: - Finales del siglo XX: consolidación del modelo de confederaciones hidrográficas y planes hidrológicos de cuenca. - 2001: Ley del Plan Hidrológico Nacional, que introduce la figura de los planes especiales de sequía. - 2007: aprobación de los primeros Planes Especiales de Sequía para las principales demarcaciones. - 2018: revisión y actualización de los PES mediante la Orden TEC/1399/2018, introduciendo el doble sistema de indicadores sequía/escasez (https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/observatorio-nacional-de-la-sequia/planificacion-gestion-sequias.html). - 2021–2022: aprobación de la Ley 7/2021 y de las orientaciones estratégicas sobre agua y cambio climático (https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/sistema-espaniol-gestion-agua/estrategia.html). - México: - 2011: presentación de la Agenda del Agua 2030 como instrumento rector de la política hídrica de largo plazo (https://agua.org.mx/piden-apoyo-a-ocde-para-agenda-del-agua/). - 2013: puesta en marcha del Programa Nacional Contra la Sequía, orientado a pasar de la reacción a la prevención (https://www.iagua.es/noticias/semarnat/programa-nacional-sequia-mexico-instrumento-que-asegura-salud-poblacion). - 2014: publicación de la Política Pública Nacional para la Sequía, que formaliza los lineamientos de gestión del riesgo (https://faolex.fao.org/docs/pdf/mex200988.pdf). - Década de 2010 en adelante: consolidación del Monitor de Sequía en México y fortalecimiento de los sistemas de información hidrológica (https://smn.conagua.gob.mx/es/climatologia/monitor-de-sequia/monitor-de-sequia-en-mexico, https://sih.conagua.gob.mx/). Esta cronología muestra cómo ambos países han evolucionado desde enfoques centrados en obras hidráulicas y respuestas de emergencia hacia marcos integrales de planificación y gestión del riesgo de sequía. 5. Mecanismos e instrumentos de gestión Los principales mecanismos de gestión pueden agruparse en cuatro grandes bloques: a) Planificación y marcos legales En España, los planes hidrológicos de cuenca fijan objetivos ambientales, definen caudales ecológicos, programan infraestructuras y establecen regímenes de explotación de embalses. Los PES, vinculados a estos planes, concretan cómo se gestionan los sistemas en condiciones de sequía y escasez, qué restricciones se aplican y qué medidas se activan en cada fase. En México, los Programas Hídricos Regionales y Estatales se articulan con la Agenda del Agua 2030, mientras que el PRONACOSE introduce un enfoque explícito de gestión del riesgo. La Política Nacional para la Sequía refuerza la obligación de incorporar el riesgo de sequía en los programas sectoriales y territoriales. b) Sistemas de monitoreo e información El Observatorio Nacional de la Sequía en España agrega indicadores de aportaciones, reservas en embalses, niveles piezométricos, precipitaciones y demandas, y elabora informes periódicos que clasifican la situación en cada demarcación (https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/observatorio-nacional-de-la-sequia/informes-mapas-seguimiento.html). En México, el Monitor de Sequía en México publica mapas quincenales o mensuales que identifican zonas y grados de sequía, y se complementa con el Sistema de Información Hidrológica (SIH) que provee datos históricos y en tiempo casi real de estaciones hidrométricas y climatológicas (https://sih.conagua.gob.mx/, https://smn.conagua.gob.mx/es/climatologia/monitor-de-sequia/monitor-de-sequia-en-mexico). c) Medidas sobre la demanda y la oferta Las medidas sobre la demanda incluyen modernización de redes de distribución, control de fugas, tarificación eficiente, tecnologías de bajo consumo doméstico, tecnificación del riego, reconversión de cultivos hacia especies menos demandantes de agua y uso de tecnologías de recirculación en industria. En la oferta, se contemplan embalses y presas donde son ambiental y socialmente viables, trasvases en casos justificados, reutilización de aguas depuradas para riego y usos urbanos no potables, recarga artificial de acuíferos y desalinización en zonas costeras. Estas opciones se evalúan considerando costes, energía, impactos ambientales y vulnerabilidad a escenarios climáticos futuros. d) Gobernanza, participación y comunicación Los procesos de participación pública en la elaboración de planes hidrológicos y de sequía permiten incorporar el conocimiento local y reducir conflictos. El Libro Verde de la Gobernanza del Agua en España destaca la necesidad de mejorar la transparencia, la coordinación entre niveles de gobierno y la corresponsabilidad de usuarios y ciudadanía (https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/sistema-espaniol-gestion-agua/libro-verde-gobernanza.html). En México, la implementación de PRONACOSE y de la Agenda del Agua 2030 requiere la coordinación entre instancias federales, estatales y municipales, así como la participación de organizaciones de usuarios, productores agrícolas y sociedad civil. 6. Implicaciones sectoriales y territoriales La gestión de sequías tiene implicaciones diferenciadas según sectores y territorios: - Agricultura y ganadería: son sectores altamente vulnerables, especialmente en regadíos con infraestructuras antiguas o baja eficiencia. La gestión implica asignar prioridades de riego, negociar reducciones de dotaciones, promover cultivos menos demandantes de agua y apoyar la reconversión productiva. - Abastecimiento urbano: se prioriza el suministro para consumo humano, servicios básicos y salud. La gestión incluye la diversificación de fuentes (superficiales, subterráneas, reutilización, desalinización), planes de emergencia de abastecimiento, campañas de ahorro y escalones tarifarios. - Industria y energía: algunos subsectores son intensivos en agua (refino, minería, generación termoeléctrica). Las sequías pueden obligar a reducir producción o adaptar procesos. La gestión se orienta a aumentar la eficiencia, reutilizar agua de proceso y asegurar compatibilidad con prioridades de abastecimiento y caudales ecológicos. - Ecosistemas acuáticos: caudales reducidos y temperaturas elevadas intensifican la contaminación, la pérdida de hábitats y la mortalidad de especies. La definición de caudales ecológicos, la restauración de riberas y humedales y la creación de reservas fluviales ayudan a mantener la resiliencia ecológica (https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/sistema-espaniol-gestion-agua.html). - Territorios vulnerables: regiones semiáridas, zonas con acuíferos sobreexplotados, áreas metropolitanas muy dependientes de sistemas de abastecimiento complejos o cuencas con fuerte presión agrícola concentran mayores riesgos, lo que exige planes específicos y mecanismos de solidaridad territorial. 7. Pros y contras de diferentes enfoques de gestión Enfoques centrados en la oferta (nuevas presas, trasvases, ampliación de captaciones) ofrecen ventajas de aumento rápido de la disponibilidad aparente de agua y pueden ser esenciales en contextos de déficit estructural. Sin embargo, presentan contras importantes: altos costes financieros, impactos ecológicos y sociales, riesgo de generar dependencia y, en ocasiones, incentivar un mayor consumo que termina recreando la escasez. Enfoques centrados en la demanda (eficiencia, ahorro, reconversión productiva, tarificación) suelen ser más sostenibles a largo plazo, reducen presiones sobre ecosistemas y pueden ser más rentables económicamente. Como desventajas, requieren cambios culturales, inversiones en modernización, marcos regulatorios coherentes y sistemas de incentivos bien diseñados. Los enfoques integrales de gestión del riesgo combinan instrumentos de oferta y demanda con marcos de gobernanza robustos, sistemas de información avanzados y una fuerte orientación a la adaptación al cambio climático. Este tipo de enfoque es el que se impulsa tanto en las orientaciones estratégicas de agua y cambio climático en España como en la Agenda del Agua 2030 y PRONACOSE en México (https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/sistema-espaniol-gestion-agua/estrategia.html, https://www.conagua.gob.mx/CONAGUA07/Publicaciones/Publicaciones/SGP-10-12baja.pdf, https://www.gob.mx/conagua/acciones-y-programas/programa-nacional-contra-la-sequia-monitoreo-de-la-sequia-64594). 8. Riesgos, conflictos y equidad Las sequías prolongadas amplifican desigualdades sociales y territoriales. Comunidades rurales con menor capacidad de inversión, barrios periféricos con redes deterioradas, pueblos pequeños dependientes de acuíferos sobreexplotados o pequeños productores agrícolas son especialmente vulnerables. La gestión del agua debe incorporar criterios explícitos de equidad y protección social. Pueden surgir conflictos entre usos urbanos y agrícolas, entre regiones abastecedoras y receptoras de trasvases, o entre conservación ambiental y producción. La existencia de marcos legales claros de priorización de usos, mecanismos de compensación, participación efectiva y transparencia en los datos reduce el potencial de conflicto. El cambio climático añade incertidumbre sobre la recurrencia, duración e intensidad de las sequías, lo que hace imprescindible adoptar estrategias flexibles, revisables y basadas en escenarios, reforzando al mismo tiempo la cooperación internacional en cuencas compartidas y el intercambio de experiencias. 9. Líneas de acción accionables Desde una perspectiva nacional, algunas líneas de acción prioritarias son: - Reforzar y mantener actualizados los sistemas de monitoreo de sequías, integrando datos meteorológicos, hidrológicos, de uso del agua y socioeconómicos. - Revisar periódicamente los planes de sequía y las estrategias hídricas nacionales (como los PES, la Agenda del Agua 2030 o la Política Nacional para la Sequía), incorporando nuevos conocimientos científicos y escenarios climáticos. - Invertir de forma sostenida en eficiencia hídrica en redes urbanas, riego agrícola e industria, priorizando proyectos con alta rentabilidad social y ambiental. - Restaurar ríos, humedales y acuíferos clave para recuperar capacidad de regulación natural y resiliencia frente a sequías. - Fortalecer la gobernanza mediante la transparencia de datos, la participación efectiva de usuarios y ciudadanos, y la coordinación entre niveles de gobierno y sectores. - Desarrollar programas de comunicación y educación que fomenten el uso responsable del agua y la comprensión de los riesgos asociados a las sequías. La experiencia acumulada en España y México muestra que la combinación de planificación estratégica, monitoreo avanzado, instrumentos jurídicos claros, participación social y políticas de eficiencia y restauración ecológica constituye la base de una gestión del agua y de las sequías más robusta y resiliente.