INTRODUCCIÓN Y DEFINICIONES La guerra en Ucrania es el resultado de un conflicto prolongado entre la Federación de Rusia y el Estado ucraniano que tiene raíces históricas, geopolíticas y domésticas. Tras la desaparición de la Unión Soviética, Ucrania emergió como Estado independiente con una posición estratégica entre Rusia y la Unión Europea (UE). El choque entre proyectos de integración –eurasiático y europeo–, unido a disputas sobre identidad nacional, lengua y orientación política, creó un entorno propicio a la confrontación. Desde 2014, y especialmente desde la invasión a gran escala de 2022, este conflicto se ha convertido en el principal desafío de seguridad para Europa. La seguridad europea abarca no solo la defensa militar, sino también la seguridad energética, económica, tecnológica, informativa y social de los Estados europeos, así como la preservación del orden internacional basado en normas y del Derecho internacional humanitario. La UE se ha posicionado de manera clara: respalda la independencia, la soberanía y la integridad territorial de Ucrania y considera la agresión rusa una violación grave de la Carta de las Naciones Unidas y de los principios fundamentales de la seguridad europea (https://www.consilium.europa.eu/es/topics/russia-s-war-against-ukraine/). A partir de esta premisa, la Unión articula su respuesta combinando instrumentos diplomáticos, económicos, militares, financieros y jurídicos. CRONOLOGÍA ESENCIAL DEL CONFLICTO En 2013-2014, las protestas del Euromaidán en Kiev, motivadas por el rechazo a un giro político hacia Rusia y la demanda de mayor acercamiento a la UE, desembocaron en la caída del presidente Víktor Yanukóvich y en un cambio de rumbo proeuropeo. Poco después, en marzo de 2014, Rusia anexó Crimea mediante una operación militar encubierta y un referendo no reconocido por la comunidad internacional. Paralelamente, el este de Ucrania se vio afectado por una insurgencia armada respaldada por Rusia en las regiones de Donetsk y Luhansk. Entre 2014 y 2021 se desarrolló una guerra de baja intensidad en el Donbás. Los Acuerdos de Minsk, firmados en 2014 y 2015, pretendían establecer un alto el fuego y una solución política, pero se aplicaron de forma incompleta y no resolvieron el conflicto. La situación se mantuvo como una «guerra congelada» con frecuentes violaciones del alto el fuego y un elevado coste humano. El 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó una invasión a gran escala contra Ucrania, con ataques simultáneos desde Rusia, Bielorrusia, Crimea y el Donbás. El objetivo aparente era provocar un cambio de régimen rápido en Kiev y someter al país a la esfera de influencia rusa. La resistencia ucraniana, combinada con un apoyo occidental más rápido y vigoroso de lo esperado, impidió ese resultado y transformó la ofensiva en una guerra prolongada de desgaste. Desde los primeros días de la invasión, la UE y el Parlamento Europeo adoptaron medidas de emergencia: condena política, paquetes iniciales de sanciones ampliadas, ayuda macrofinanciera de urgencia, apoyo humanitario y activación del régimen de protección temporal para los refugiados ucranianos (https://www.europarl.europa.eu/topics/es/article/20220519STO30402/cronologia-asi-ha-apoyado-la-ue-a-ucrania-desde-el-inicio-de-la-guerra). Entre 2022 y 2025, el apoyo evolucionó hacia un enfoque más estructural. La UE puso en marcha paquetes anuales de ayuda macrofinanciera por decenas de miles de millones de euros, intensificó la entrega de equipo militar y defensa aérea, reforzó los corredores de exportación de cereales ucranianos y amplió el alcance de las sanciones sectoriales a Rusia. El Parlamento Europeo, por su parte, aprobó resoluciones y marcos legislativos para garantizar financiación plurianual a Ucrania y para reducir la dependencia de la energía rusa (https://www.europarl.europa.eu/topics/es/article/20250210STO26798/cronologia-asi-apoyo-la-ue-a-ucrania-en-2025). RESPUESTA ESTRATÉGICA DE LA UNIÓN EUROPEA La respuesta estratégica de la UE se articula en cuatro vectores principales: militar y de seguridad, financiero y económico, humanitario y social, y político-institucional. En el vector militar, la UE y sus Estados miembros han proporcionado armas, munición, sistemas de defensa aérea, vehículos blindados y formación militar. Parte de esta ayuda se canaliza a través de instrumentos europeos específicos, complementados por contribuciones bilaterales de los Estados miembros. La lógica es reforzar la capacidad de Ucrania para ejercer su derecho a la legítima defensa y disuadir a Rusia de futuras escaladas (https://www.consilium.europa.eu/es/topics/russia-s-war-against-ukraine/). En el plano financiero, la UE se ha convertido en el mayor proveedor de ayuda económica a Ucrania. El apoyo incluye préstamos macrofinancieros a largo plazo, garantías para facilitar el acceso de Ucrania a los mercados, y programas específicos de reconstrucción y modernización de infraestructuras. El Parlamento Europeo ha aprobado grandes paquetes de financiación, como un préstamo de 90 000 millones de euros para sostener al Estado ucraniano en el contexto de la guerra (https://barcelona.europarl.europa.eu/es/news/ukraine-four-years-of-russia-war-extraordinary-session). El vector humanitario y social abarca la acogida de millones de refugiados ucranianos, con apoyo financiero a los Estados miembros que los reciben. La UE ha garantizado el acceso de estas personas a vivienda, sanidad, educación y empleo, con el objetivo de facilitar su integración mientras dure el conflicto. A la vez, se ha proporcionado ayuda humanitaria directa dentro de Ucrania para mitigar el impacto de los ataques contra civiles e infraestructuras. En el ámbito político-institucional, la UE ha intensificado los contactos de alto nivel con Kiev. El presidente ucraniano se ha dirigido en varias ocasiones al Parlamento Europeo, y la presidenta de la Eurocámara, Roberta Metsola, ha realizado visitas a Kiev. La apertura de una oficina permanente del Parlamento en la capital ucraniana simboliza un compromiso de largo plazo (https://barcelona.europarl.europa.eu/es/news/ukraine-four-years-of-russia-war-extraordinary-session). RÉGIMEN DE SANCIONES Y PRESIÓN ECONÓMICA Las sanciones constituyen uno de los instrumentos centrales de la respuesta europea. Desde 2014, la UE ha ido ampliando un régimen de sanciones progresivas con el objetivo de aumentar el coste de la agresión rusa y reducir su capacidad de sostener la guerra. Tras la invasión de 2022, el número y la intensidad de las medidas crecieron de forma significativa, hasta conformar una batería de 19 paquetes de sanciones. Las sanciones individuales afectan a más de 2 700 personas y entidades, incluyendo altos cargos políticos, mandos militares, empresarios influyentes, empresas de armamento, bancos, medios de comunicación de propaganda y organizaciones implicadas en deportaciones de menores ucranianos, entre otros. Estas sanciones suelen combinar prohibiciones de viajar a la UE, congelación de activos y prohibición de poner fondos a su disposición (https://www.consilium.europa.eu/es/policies/sanctions-against-russia/). Las sanciones sectoriales se dirigen a sectores clave de la economía rusa: finanzas, energía, transporte, defensa, tecnología y servicios profesionales. Incluyen restricciones a las transacciones con el Banco Central ruso, exclusiones de bancos del sistema financiero europeo, límites a las exportaciones de tecnología avanzada, al transporte marítimo de petróleo ruso y a las importaciones de carbón, petróleo y gas natural licuado. En transporte, la UE ha cerrado su espacio aéreo a aeronaves rusas y sus puertos a gran parte de la flota vinculada a Rusia (https://www.consilium.europa.eu/es/policies/sanctions-against-russia/). Además, la UE ha retenido activos del Banco Central de Rusia por valor de cientos de miles de millones de euros y, mediante cambios normativos, ha decidido utilizar los ingresos extraordinarios derivados de estos activos para apoyar a Ucrania. La mayor parte de estos rendimientos se destina a un mecanismo de cooperación en materia de préstamos y a instrumentos de apoyo a la paz, integrándolos en la arquitectura financiera diseñada para sostener a Ucrania a largo plazo. Las sanciones se revisan periódicamente, con la posibilidad de ser reforzadas, ajustadas o eventualmente levantadas en función de la evolución del conflicto y del cumplimiento de objetivos políticos. También se han extendido a actores externos que ayudan a Rusia a eludir las medidas o a abastecerla militarmente, como Bielorrusia, Irán y Corea del Norte. IMPACTO EN LA SEGURIDAD EUROPEA El impacto de la guerra sobre la seguridad europea es multidimensional. En el plano militar, el conflicto ha puesto de manifiesto la necesidad de reforzar las capacidades defensivas en el flanco oriental de Europa. Países como Polonia y los Estados bálticos, que se sienten directamente amenazados por el expansionismo ruso, han impulsado una rápida modernización de sus fuerzas armadas y una mayor presencia aliada. La OTAN ha vuelto al centro de la escena, con un enfoque renovado en la defensa colectiva frente a amenazas convencionales en Europa. Paralelamente, la UE busca desarrollar una base industrial y tecnológica de defensa más robusta, con proyectos compartidos de adquisición y producción de material militar. El objetivo es reforzar la disuasión y la capacidad de respuesta sin duplicar ni competir con la Alianza Atlántica. En el plano interno, la guerra ha intensificado el riesgo de amenazas híbridas: ciberataques contra infraestructuras críticas, operaciones encubiertas, sabotajes y campañas de injerencia informativa. La protección de redes energéticas, sistemas financieros, comunicaciones y transporte ha pasado a ser una prioridad de seguridad nacional y europea. Económicamente, el conflicto y las sanciones han desencadenado un fuerte aumento de los precios de la energía y los alimentos, elevando la inflación en la zona del euro y tensionando presupuestos públicos y privados. El Banco Central Europeo ha tenido que responder con una política monetaria más restrictiva para contener la inflación, al tiempo que vigila los riesgos para la estabilidad financiera derivados de la volatilidad de los mercados y de las nuevas necesidades de financiación de los Estados (https://www.ecb.europa.eu/home/search/russia_ukraine_war/html/index.es.html). GARANTÍAS DE SEGURIDAD Y DEBATE SOBRE LA PAZ La UE y sus instituciones han insistido en que cualquier solución al conflicto debe ser «global, justa y duradera». Esto implica no solo el cese de hostilidades, sino también la retirada de las fuerzas rusas del territorio ucraniano reconocido internacionalmente, la restauración plena de la soberanía de Ucrania y la creación de mecanismos de garantía que impidan una reanudación del conflicto (https://www.consilium.europa.eu/es/topics/russia-s-war-against-ukraine/). El Parlamento Europeo ha pedido a la UE que asuma un papel de liderazgo en la definición de un marco de paz, trabajando con Estados Unidos y otros socios, pero asegurando que «nada sobre Ucrania se decida sin Ucrania» y «nada sobre Europa sin Europa». Las resoluciones parlamentarias subrayan que una paz sostenible debe estar respaldada por garantías de seguridad firmes, comparables en su espíritu a las obligaciones de defensa mutua recogidas en el artículo 5 de la OTAN y el artículo 42.7 del Tratado de la UE (https://www.europarl.europa.eu/news/es/press-room/20251125IPR31571/el-parlamento-pide-liderazgo-a-la-ue-para-lograr-la-paz-en-ucrania). El Parlamento también ha advertido que no se reconocerán los territorios ucranianos ocupados como parte de Rusia y que no debe imponerse a Kiev un acuerdo que limite su capacidad de defensa o su libertad para escoger alianzas de seguridad. En este contexto, la UE apoya la idea de utilizar los activos rusos congelados como base de un «préstamo de reparaciones» que contribuya a sufragar los daños materiales e inmateriales causados por la guerra (https://www.europarl.europa.eu/news/es/press-room/20250310IPR27232/la-ue-debe-contribuir-a-unas-garantias-de-seguridad-solidas-para-ucrania). EXISTENCIAS DE PROS Y CONTRAS EN LA ESTRATEGIA EUROPEA El enfoque europeo combina apoyo militar, sanciones y esfuerzos diplomáticos. Entre los principales beneficios de esta estrategia se encuentran: reforzar la disuasión frente a futuras agresiones; demostrar que las violaciones graves del Derecho internacional tienen costes elevados; y apoyar a un país cuya estabilidad es crucial para la seguridad del continente. Además, el apoyo a Ucrania se percibe como una inversión en la credibilidad de la UE como actor geopolítico. Sin embargo, también existen riesgos y costes. Las sanciones y la ruptura energética con Rusia han generado tensiones en los mercados europeos, afectando a empresas y consumidores. El apoyo militar conlleva el riesgo de escalada y exige una gestión cuidadosa de las líneas rojas para evitar una confrontación directa entre Rusia y la OTAN. A nivel político interno, la duración del conflicto puede alimentar la fatiga de guerra y la polarización, lo que obliga a mantener un esfuerzo continuo de comunicación y legitimación democrática. INTEGRACIÓN EUROPEA DE UCRANIA COMO EJE DE SEGURIDAD La integración de Ucrania en la UE se ha convertido en un eje estratégico de la respuesta europea. La concesión del estatus de país candidato y la apertura progresiva de capítulos de negociación se vinculan a un programa de reformas profundas en Ucrania: fortalecimiento del Estado de derecho, combate a la corrupción, modernización económica, adaptación a las normas del mercado único y profundización de la democracia (https://www.europarl.europa.eu/topics/es/article/20220519STO30402/cronologia-asi-ha-apoyado-la-ue-a-ucrania-desde-el-inicio-de-la-guerra). El Parlamento Europeo ha insistido en que el proceso de adhesión debe ser meritocrático, pero también ágil, dadas las circunstancias excepcionales. Mantener el ritmo reformista en plena guerra es un reto considerable para Kiev, pero a la vez refuerza su legitimidad interna y externa. Para la UE, avanzar hacia la integración ucraniana implica repensar su propia gobernanza, presupuestos y políticas sectoriales, lo que forma parte de un debate más amplio sobre el futuro de la Unión. DIMENSIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA La guerra ha puesto de relieve la vulnerabilidad de la UE a la dependencia energética de Rusia. Antes del conflicto, una parte significativa del gas y el petróleo consumidos en Europa procedía de Rusia. Tras la invasión, la UE ha adoptado medidas para eliminar gradualmente las importaciones de gas ruso, prohibir el GNL ruso del mercado al contado e introducir límites al petróleo ruso, al tiempo que acelera la diversificación de proveedores y la transición hacia energías renovables (https://www.europarl.europa.eu/topics/es/article/20250210STO26798/cronologia-asi-apoyo-la-ue-a-ucrania-en-2025; https://www.consilium.europa.eu/es/policies/sanctions-against-russia/). Este giro tiene efectos de corto y largo plazo: a corto plazo, ha generado presiones sobre los precios y ha exigido paquetes de apoyo a hogares y empresas; a largo plazo, puede fortalecer la autonomía estratégica europea si se acompaña de inversiones en eficiencia, almacenamiento, interconexiones y tecnologías verdes. A nivel macroeconómico, el conflicto ha impactado en el crecimiento, la inflación y las expectativas, tanto en Europa como a escala global. El Banco Central Europeo ha señalado que la guerra introduce una elevada incertidumbre en las proyecciones de crecimiento e inflación, obligando a una política monetaria prudente y adaptable (https://www.ecb.europa.eu/home/search/russia_ukraine_war/html/index.es.html). La estabilidad financiera también puede verse afectada por las necesidades de financiación pública y por la exposición de empresas y bancos a sectores sancionados. SOCIEDAD, REFUGIADOS Y DESINFORMACIÓN La dimensión humana del conflicto es central. Millones de ucranianos han huido de la guerra y se han asentado en Estados miembros de la UE, lo que ha incrementado la población activa en algunos países y planteado retos de integración social, lingüística y laboral. Un reto clave es evitar la precarización de estas personas y aprovechar su potencial para las economías de acogida. En paralelo, la guerra ha tenido efectos sobre la opinión pública europea. Aunque el apoyo a Ucrania es mayoritario, existen diferencias entre Estados y grupos sociales, alimentadas en parte por el impacto económico de la guerra y por las campañas de desinformación. Rusia y actores afines utilizan medios tradicionales, redes sociales y otros canales para difundir narrativas que justifican la invasión o cuestionan la legitimidad de las instituciones europeas (https://www.consilium.europa.eu/es/policies/sanctions-against-russia/). La respuesta europea incluye la regulación de contenidos de desinformación, el apoyo a medios independientes, la alfabetización mediática y la suspensión de licencias de medios considerados instrumentos de propaganda estatal rusa. También se vigila la financiación extranjera de partidos, fundaciones y organizaciones susceptibles de ser utilizados para influir en el debate político. CONCLUSIONES Y LÍNEAS DE ACCIÓN De este análisis se desprenden varias conclusiones centrales. En primer lugar, la guerra en Ucrania es, al mismo tiempo, un conflicto nacional, regional y sistémico: afecta a la soberanía ucraniana, al equilibrio de poder en Europa y a la vigencia de las normas internacionales que rigen el uso de la fuerza. En segundo lugar, la respuesta europea ha sido amplia e integrada, combinando sanciones, apoyo militar y financiero, acogida de refugiados e iniciativas políticas y diplomáticas. En tercer lugar, el coste de la inacción –en términos de credibilidad, seguridad y estabilidad– sería probablemente superior al coste del apoyo sostenido a Ucrania. La experiencia de 2014-2021 muestra que respuestas parciales pueden no ser suficientes para disuadir futuras agresiones. La UE ha aprendido de ese periodo y ha optado por una estrategia más decidida desde 2022 (https://www.consilium.europa.eu/es/topics/russia-s-war-against-ukraine/). En términos de acción, se pueden identificar varias prioridades: consolidar un marco de apoyo plurianual a Ucrania, que reduzca la incertidumbre política; reforzar la coordinación entre la UE, Estados Unidos y otros socios sin renunciar a la autonomía de decisión europea; seguir profundizando en la reducción de dependencias estratégicas, especialmente en energía y tecnologías críticas; invertir en resiliencia frente a amenazas híbridas y desinformación; y sostener el proyecto de integración europea de Ucrania como parte de un rediseño de la arquitectura de seguridad europea (https://www.europarl.europa.eu/news/es/press-room/20250310IPR27232/la-ue-debe-contribuir-a-unas-garantias-de-seguridad-solidas-para-ucrania; https://www.europarl.europa.eu/news/es/press-room/20251125IPR31571/el-parlamento-pide-liderazgo-a-la-ue-para-lograr-la-paz-en-ucrania). Finalmente, será crucial gestionar los riesgos: proteger a las sociedades europeas de los efectos económicos y sociales de una guerra prolongada, mantener la cohesión política interna, evitar la escalada directa entre potencias nucleares y garantizar que cualquier acuerdo de paz incorpore mecanismos robustos de rendición de cuentas y reparaciones. La forma en que se cierre este conflicto marcará la seguridad europea durante décadas.