1. Introducción India como potencia global describe la convergencia de varias dimensiones de poder: peso económico, tamaño demográfico, capacidades militares, influencia diplomática, liderazgo tecnológico y atractivo cultural. Una potencia global no solo participa en la economía mundial, sino que ayuda a fijar reglas del juego, estabilizar regiones, impulsar agendas normativas y proveer bienes públicos globales, como seguridad marítima o acción climática. En este sentido, el proyecto indio se apoya tanto en su escala interna como en una narrativa de país democrático del Sur Global que aspira a demostrar que es posible combinar crecimiento, pluralismo y soberanía estratégica. El país ha establecido metas explícitas para convertirse en economía desarrollada y de ingreso alto hacia 2047, lo que implica multiplicar su ingreso per cápita y escapar de la trampa del ingreso medio, en la que muchos países ven estancarse su crecimiento al llegar a niveles intermedios de renta (https://blogs.worldbank.org/es/voices/what-china-and-india-must-do-to-join-the-rich-club). Esta transición exige pasar de un modelo basado principalmente en atraer inversión y mano de obra barata a otro centrado en la incorporación avanzada de tecnología extranjera y, finalmente, en la innovación propia a escala global. 2. Evolución histórica hacia el estatus de potencia Antes de la colonización británica, India albergaba sofisticadas economías regionales, redes comerciales de larga distancia y ricos polos culturales, aunque el siglo XVIII estuvo marcado por una intensa competencia política, guerras costosas y reconfiguración territorial (https://www.britannica.com/place/India/Politics-and-the-economy). La expansión europea, primero portuguesa y luego británica, reorientó los flujos comerciales y financieros, integrando progresivamente los recursos y la mano de obra de India en un sistema colonial que priorizaba las necesidades de la metrópoli sobre el desarrollo local (https://www.britannica.com/place/India/Political-effects). El dominio británico transformó la estructura económica mediante exportaciones de materias primas, importaciones de manufacturas baratas y la imposición de instituciones fiscales y legales que favorecían la extracción de recursos (https://www.britannica.com/place/India/Political-effects). Al mismo tiempo, introdujo infraestructuras como el ferrocarril, el telégrafo y un sistema administrativo moderno, que más tarde serían reutilizados por el Estado independiente. La independencia en 1947, tras la partición y una violencia sectaria masiva, abrió una etapa de construcción institucional bajo liderazgo de Jawaharlal Nehru, con una democracia parlamentaria, una constitución escrita y una economía planificada que apostaba por la industrialización pesada (https://www.britannica.com/place/India/The-transfer-of-power-and-the-birth-of-two-countries). Desde los años sesenta y setenta, la Revolución Verde incrementó la producción agrícola y mitigó el riesgo de hambrunas, mientras que la industrialización estatal generó capacidades en acero, energía y maquinaria, aunque a menudo con baja eficiencia. La crisis de balanza de pagos de principios de los noventa forzó una liberalización económica profunda, con apertura comercial, desregulación interna y un mayor papel del sector privado. Desde entonces, el país ha experimentado varias décadas de crecimiento relativamente alto, expansión del sector servicios, integración en cadenas de subcontratación de tecnologías de la información y consolidación gradual de una clase media urbana. 3. Recursos, estructura productiva y ventajas comparativas India dispone de una amplia variedad de recursos minerales —como hierro de alta calidad, manganeso, cromita, bauxita, cobre y otros metales— que sirven de base a industrias de acero, ferroaleaciones y aluminio, así como a sectores de maquinaria pesada y construcción (https://www.britannica.com/place/India/Resources-and-power). También cuenta con grandes reservas de carbón, especialmente en la meseta de Chota Nagpur, que alimentan gran parte de su generación eléctrica y sustentan polos de industria pesada en el este y centro del país. Sin embargo, sus reservas de petróleo y gas resultan insuficientes para la demanda, lo que obliga a importar hidrocarburos y plantea un desafío estructural de seguridad energética. Además de los recursos minerales, el país posee vastas áreas agrícolas, aunque la disponibilidad de tierra y agua por habitante es relativamente limitada, lo que tensiona la sostenibilidad de su modelo productivo a medida que crece la población (https://www.britannica.com/place/India/Resources-and-power). La estructura económica se caracteriza por un peso todavía elevado de la agricultura en el empleo, un sector manufacturero heterogéneo que va desde millones de pequeñas unidades artesanales hasta conglomerados industriales modernos, y un sector servicios de alto valor añadido, en particular tecnologías de la información, servicios empresariales, finanzas y una creciente economía digital. Esta combinación le otorga resiliencia frente a shocks sectoriales, pero evidencia la necesidad de modernizar la agricultura, elevar la productividad manufacturera y facilitar la transición laboral desde ocupaciones de baja productividad a actividades más sofisticadas. 4. Demografía, sociedad y capital humano La demografía es uno de los pilares del potencial indio como potencia global. Una población muy numerosa y relativamente joven ofrece, en teoría, un amplio mercado interno, una fuerza laboral abundante y una base para la innovación y el emprendimiento. No obstante, el bono demográfico no es automático: para traducirse en dividendos económicos requiere educación de calidad, salud accesible, formación técnica y políticas que faciliten la movilidad social y geográfica. La coexistencia de grandes ciudades globalizadas, cinturones industriales, pueblos rurales y zonas tribales aisladas genera enormes disparidades en ingresos, servicios públicos y oportunidades de vida. En el plano social, India se caracteriza por una profunda diversidad en términos de lenguas, religiones, castas y etnias, lo que supone tanto una riqueza cultural como un reto de cohesión. La baja participación femenina en el mercado laboral, así como las brechas de género en educación, seguridad y acceso a activos económicos, limita el aprovechamiento pleno del capital humano disponible. Las políticas públicas que amplíen el acceso a educación secundaria y terciaria, mejoren la calidad de la formación profesional y promuevan la inclusión de mujeres y grupos marginados resultan cruciales para sostener una trayectoria de crecimiento inclusivo y para fortalecer la legitimidad interna de un proyecto de potencia global. 5. Economía y papel en el sistema internacional India se ha consolidado como una de las economías de mayor crecimiento entre los grandes países, con tasas de expansión que a menudo superan el promedio mundial y contribuyen de forma importante al aumento del PIB global (https://data360.worldbank.org/en/economy/IND). Un informe reciente del Banco Mundial destaca que el país creció un 8,2 % en el ejercicio fiscal 2023/24, impulsado por la inversión pública en infraestructura, el dinamismo de la construcción y un sector manufacturero robusto, en un contexto global de crecimiento más moderado (https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2024/09/03/india-s-economy-to-remain-strong-despite-subdued-global-growth). Este desempeño se ha apoyado también en un marco macroeconómico más prudente, con esfuerzos de consolidación fiscal y una gestión activa de las reservas internacionales. Pese a estos avances, India sigue clasificada como país de ingreso medio y se enfrenta a la trampa del ingreso medio, un fenómeno por el cual muchas economías dejan de converger hacia los niveles de renta de los países ricos cuando alcanzan una etapa intermedia de desarrollo (https://blogs.worldbank.org/es/voices/what-china-and-india-must-do-to-join-the-rich-club). Superar este riesgo implica sostener tasas altas de crecimiento durante décadas mediante aumentos de productividad, mejora del capital humano, profundización financiera, competencia efectiva y mayor complejidad productiva. El país también debe consolidar su papel en el comercio mundial, diversificando su canasta exportadora más allá de servicios de TI y productos tradicionales hacia bienes manufacturados de mayor valor añadido y tecnologías verdes, objetivo recogido en la meta de alcanzar exportaciones de mercancías por 1 billón de dólares hacia 2030 (https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2024/09/03/india-s-economy-to-remain-strong-despite-subdued-global-growth). 6. Política exterior y seguridad En el plano externo, India ha pasado de un no alineamiento clásico a una estrategia de multialineamiento pragmático. Participa activamente en foros multilaterales como Naciones Unidas, el G20 y la Organización Mundial del Comercio, mientras fortalece asociaciones estratégicas con Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Australia, al tiempo que mantiene vínculos estrechos con Rusia y otros países del Sur Global. Esta posición le permite presentarse como un puente entre mundos y como portavoz de las preocupaciones de economías en desarrollo en temas como finanzas internacionales, cambio climático o gobernanza digital. En seguridad, India es una potencia nuclear con capacidades convencionales considerables y una posición geoestratégica clave en el Índico. Su entorno regional es delicado: mantiene disputas fronterizas y rivalidad con Pakistán, con episodios de conflicto abierto y una dimensión nuclear, además de tensiones de larga data con China a lo largo de la frontera himalaya. La estabilidad interna se ve influida por factores como la insurgencia en algunas regiones, tensiones comunitarias y la gestión de la diversidad. La forma en que India administre estos desafíos de seguridad, equilibre disuasión y diálogo, y contribuya a la estabilidad regional, condicionará su reputación como actor responsable y su capacidad para concentrar recursos en prioridades de desarrollo. 7. Fortalezas y oportunidades Entre las fortalezas estructurales destacan el tamaño del mercado doméstico, que ofrece economías de escala; la demografía joven, que puede sostener el crecimiento del consumo y la oferta de trabajo; y la existencia de un sistema democrático con alternancia política que, pese a tensiones, otorga legitimidad interna al Estado (https://www.britannica.com/place/India/Political-effects). La base productiva es diversificada, con capacidades en agricultura, industria y servicios, y el país ha desarrollado nichos de excelencia en tecnologías de la información, farmacéutica genérica, servicios empresariales y, cada vez más, ecosistemas de startups y plataformas digitales. La expansión de la infraestructura digital —incluyendo sistemas de identidad biométrica, pagos en tiempo real y plataformas de datos— ha reducido costos de transacción y abierto nuevas posibilidades para la inclusión financiera y la prestación de servicios públicos. Esta infraestructura puede convertirse en un activo de política industrial, facilitando la escalabilidad de empresas innovadoras y la atracción de inversión extranjera en sectores intensivos en conocimiento (https://data360.worldbank.org/en/economy/IND). Al mismo tiempo, el reposicionamiento de cadenas globales de suministro, motivado por cambios tecnológicos y geopolíticos, crea oportunidades para que India se convierta en un nodo importante de manufactura y ensamblaje en sectores como electrónica, automoción y equipos de energías renovables, siempre que logre consolidar un entorno de negocios competitivo y una logística eficiente (https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2022/12/05/india-better-positioned-to-navigate-global-headwinds-than-other-major-emerging-economies-new-world-bank-report). 8. Debilidades, desafíos y riesgos Pese a sus fortalezas, India enfrenta limitaciones significativas que pueden frenar su ascenso global. La infraestructura física —carreteras, ferrocarriles, puertos, redes eléctricas y saneamiento— aún es insuficiente o de calidad desigual, lo que aumenta costos logísticos y reduce la competitividad de las exportaciones. Persisten grandes brechas en calidad educativa, especialmente en educación pública primaria y secundaria, lo que se traduce en déficits de habilidades básicas y técnicas. El sistema de salud experimenta desigualdades territoriales y de acceso, con sistemas públicos sobrecargados y un fuerte peso del gasto de bolsillo para los hogares. En el mercado laboral, la elevada informalidad limita la productividad, la recaudación fiscal y la protección social, mientras que la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo se mantiene por debajo de su potencial. En el plano ambiental, la fuerte dependencia del carbón para la generación eléctrica y la rápida urbanización generan contaminación atmosférica y presión sobre recursos hídricos, al tiempo que el país es vulnerable a eventos climáticos extremos como sequías, inundaciones y ciclos monzónicos irregulares (https://www.britannica.com/place/India/Resources-and-power). A ello se suman riesgos de tensiones sociales y religiosas, episodios de violencia comunitaria y desafíos de gobernanza en algunos estados, así como posibles shocks externos —crisis financieras, conflictos globales o pandemias— que podrían afectar el crecimiento, la estabilidad macroeconómica y la reputación internacional. 9. Implicaciones estratégicas y conclusiones La experiencia comparada indica que muy pocos países han logrado pasar de ingreso medio a ingreso alto; el Banco Mundial identifica un grupo limitado de economías que lo han conseguido desde 1990, muchas de ellas apoyadas en integración regional o recursos naturales, lo que subraya la magnitud del desafío (https://blogs.worldbank.org/es/voices/what-china-and-india-must-do-to-join-the-rich-club). Para incrementar sus probabilidades de éxito, India puede apoyarse en una estrategia secuenciada "3i": primero consolidar una fase de inversión intensiva en infraestructura, educación y salud; después profundizar la incorporación de tecnologías y modelos de negocio externos, asegurando su difusión interna mediante buenas políticas de competencia, capacitación y apoyo a pymes; y finalmente promover un ecosistema de innovación global en el que empresas indias compitan en la frontera tecnológica. En términos accionables, esto se traduce en reformas para simplificar y hacer predecibles las regulaciones, reforzar la independencia y capacidad de las instituciones de Estado de derecho, impulsar políticas activas para elevar la participación y el liderazgo de las mujeres en la economía, y mejorar la calidad del gasto público en lugar de solo su volumen. También supone aprovechar la transición climática como oportunidad para especializarse en cadenas de valor de tecnologías verdes —como paneles solares, baterías, vehículos eléctricos y turbinas eólicas— y para exportar soluciones de desarrollo sostenible a otros países en desarrollo (https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2022/12/05/india-better-positioned-to-navigate-global-headwinds-than-other-major-emerging-economies-new-world-bank-report). Si logra sostener un crecimiento alto e inclusivo, reducir vulnerabilidades internas y contribuir de manera visible a la provisión de bienes públicos globales, India no solo incrementará su peso cuantitativo, sino que se consolidará como una potencia global con capacidad de moldear el orden internacional.