1. Introducción La productividad y la competitividad ocupan un lugar central en el análisis económico porque explican por qué algunos países logran sostener altas tasas de crecimiento e ingresos, mientras otros quedan atrapados en trayectorias de bajo desempeño. La productividad mide la eficiencia con la que se utilizan los recursos disponibles; la competitividad refleja la capacidad de transformar esa eficiencia en posiciones ventajosas en los mercados, domésticos e internacionales, de forma sostenida y compatible con el bienestar de la población. Desde la perspectiva del desarrollo, la cuestión no es solo crecer más rápido, sino hacerlo de manera inclusiva, diversificada y resiliente frente a choques externos y transiciones tecnológicas. Una estrategia de desarrollo basada en productividad y competitividad busca precisamente combinar estos objetivos, coordinando políticas a distintos niveles (empresa, sector, territorio, país) y en distintos horizontes de tiempo. 2. Definiciones avanzadas de productividad y competitividad La productividad puede definirse de forma parcial (por insumo) o total. La productividad laboral relaciona el valor producido con el trabajo utilizado (número de trabajadores, horas trabajadas o equivalente en tiempo completo). La productividad del capital mide el valor generado por unidad de capital fijo. La productividad total de los factores (PTF) captura el excedente de crecimiento que no se explica por aumentos en trabajo o capital, y se interpreta como una medida de eficiencia tecnológica, organizacional e institucional. Estudios de macroeconomía del crecimiento muestran que la PTF explica la mayor parte de las diferencias de ingreso per cápita entre países y constituye la principal fuente de crecimiento sostenible del nivel de vida. https://www.imf.org/es/publications/fandd/issues/2024/09/back-to-basics-total-factor-productivity-robert-zymek La PTF aumenta cuando una economía logra reorganizar su estructura productiva, adoptar mejores tecnologías, mejorar la gestión empresarial, elevar la calidad del capital humano o asignar mejor trabajo y capital entre empresas. La competitividad, por su parte, integra dimensiones de eficiencia, calidad, innovación y capacidad de adaptación. A nivel país, una definición extendida la entiende como la habilidad para lograr tasas altas y sostenidas de crecimiento del ingreso por habitante, preservando el equilibrio externo y la estabilidad macroeconómica. A nivel sector o empresa, se asocia con la capacidad de mantener cuotas de mercado rentables, innovar, diferenciar productos y responder con rapidez a cambios en demanda, tecnología o regulación. El enfoque de competitividad sistémica propone analizarla en cuatro niveles: micro (empresas individuales, su productividad e innovación), meso (instituciones y políticas específicas por sector o región), macro (marco macroeconómico, tipo de cambio, sistema financiero) y meta (valores sociales, confianza, capital social, orientación a la colaboración). Este enfoque permite entender por qué países con empresas eficientes pueden no alcanzar altos niveles de competitividad si fallan en infraestructura, instituciones o cohesión social. https://www.cepal.org/es/publicaciones/45005-la-competitividad-sus-factores-determinantes-un-analisis-sistemico-paises 3. Mecanismos que vinculan productividad y competitividad La relación entre productividad y competitividad opera a través de varios mecanismos: - Costos unitarios: mayores niveles de productividad reducen el costo por unidad de producto, lo cual permite ofrecer precios más competitivos o preservar márgenes más altos. - Calidad y diferenciación: la productividad no solo se traduce en menores costos, sino en mejores procesos, mayor control de calidad y capacidad de desarrollar productos diferenciados. - Innovación: organizaciones productivas suelen tener más capacidad para invertir en I+D, experimentar con nuevos modelos de negocio y absorber conocimiento externo. - Reasignación de recursos: la competencia en mercados abiertos favorece la supervivencia y expansión de empresas más productivas, elevando la productividad agregada. - Aprendizaje y escalamiento: la participación en cadenas de valor dinámicas expone a estándares más exigentes y fomenta mejoras continuas. Por otro lado, una apertura brusca sin capacidades internas puede derivar en pérdida de capacidades productivas locales, si las empresas menos preparadas no logran adaptarse. La competitividad duradera requiere que las ganancias de productividad se distribuyan de manera suficiente para sostener la legitimidad social de las reformas. 4. Niveles de análisis: del trabajador al sistema productivo En el nivel individual, la productividad depende de la combinación de habilidades técnicas, competencias socioemocionales, salud física y mental, y organización del puesto de trabajo. La educación formal, la capacitación on the job y la experiencia acumulada aumentan la productividad potencial, mientras que condiciones de salud precarias u organización deficiente la reducen. En el nivel de empresa, las diferencias de productividad dentro de un mismo sector suelen ser muy grandes. En muchos países, pequeñas fracciones de firmas altamente productivas explican una proporción desproporcionada del valor agregado y las exportaciones. Las causas incluyen: acceso a tecnologías modernas, calidad de la gestión, gobernanza corporativa, capacidades de innovación y redes de proveedores y clientes. En el nivel sectorial, la estructura del mercado (grado de competencia, presencia de oligopolios o monopolios), la intensidad tecnológica, los encadenamientos con otros sectores y la exposición a la demanda internacional moldean regímenes de crecimiento diferenciados. Sectores basados en recursos naturales pueden ser altamente productivos si incorporan tecnología y generan encadenamientos locales; pero pueden quedar atrapados en baja complejidad si se limitan a la extracción primaria. En el nivel territorial, la productividad está condicionada por dotaciones naturales, conectividad, calidad de las instituciones locales, densidad empresarial y servicios disponibles. Las ciudades ofrecen economías de aglomeración (mayor acceso a mercados, mano de obra calificada, proveedores y conocimiento), pero también enfrentan costos de congestión, vivienda cara y desigualdad. Finalmente, en el nivel país, la combinación de políticas macroeconómicas, regímenes de competencia, apertura comercial, sistemas de innovación y estructura tributaria configura el marco en el que interactúan los niveles anteriores. 5. Determinantes estructurales y sistémicos El capital humano es uno de los determinantes más robustos de la productividad. Años de escolaridad, calidad educativa, pertinencia de la formación técnica y profesional, y acceso a capacitación continua influyen en la productividad laboral y en la capacidad de absorber nuevas tecnologías. La salud (nutrición, atención primaria, prevención) también condiciona la productividad efectiva. La innovación, tanto radical como incremental, permite introducir nuevos productos, procesos y modelos de negocio. La existencia de un sistema nacional de innovación —con universidades, centros de investigación, agencias de fomento y empresas innovadoras articuladas— facilita la difusión del conocimiento. Estrategias internacionales de innovación subrayan la importancia de la coherencia entre política de educación, ciencia y tecnología, financiamiento y regulación proinnovación. https://www.oecd.org/es/publications/la-estrategia-de-innovacion-de-la-ocde_9789264080836-es.html La asignación eficiente de recursos requiere mercados contestables, regulaciones que no discriminen en favor de empresas poco productivas, sistemas financieros que canalicen crédito hacia proyectos viables y marcos legales que minimicen incertidumbres. Distorsiones como subsidios mal diseñados, barreras de entrada, informalidad masiva o sistemas tributarios regresivos pueden atrapar trabajo y capital en actividades poco productivas. La infraestructura física (carreteras, puertos, aeropuertos, energía) y digital (banda ancha, centros de datos, servicios digitales) determina la capacidad de las empresas para acceder a insumos, mercados y conocimiento. La falta de infraestructura adecuada encarece el transporte, limita la integración regional e internacional y puede impedir el aprovechamiento de economías de escala. El entorno macroeconómico e institucional incluye la estabilidad de precios, la disciplina fiscal, la previsibilidad del tipo de cambio, la calidad regulatoria, la independencia judicial y la ausencia de corrupción. Un entorno estable y predecible reduce primas de riesgo, alienta la inversión de largo plazo y facilita la planificación empresarial. 6. Dimensión territorial: geografía de la productividad y el empleo La perspectiva territorial muestra que la productividad y el empleo no se distribuyen de manera uniforme. Informes recientes analizan la geografía de la productividad en América Latina, encontrando una convergencia parcial entre territorios rurales y urbanos gracias a mejoras en la productividad agrícola e inversiones mineras, pero con un desempeño urbano relativamente débil. https://www.bancomundial.org/es/region/lac/publication/the-evolving-geography-of-productivity-and-employment Tres factores destacan en la paradoja de la productividad urbana: - Desindustrialización de las ciudades: el empleo se desplaza hacia servicios no transables de baja productividad (comercio minorista, servicios personales), reduciendo el potencial de aprendizaje y de uso de economías de escala. - Problemas de conectividad: altos costos del transporte interurbano y deficiencias en la infraestructura limitan la integración de mercados, la especialización regional y la difusión de conocimiento. - Divisiones dentro de las ciudades: segregación espacial, informalidad en barrios periféricos y deficiencias en servicios públicos restringen la extensión geográfica de las economías de aglomeración. Estas dinámicas se traducen en trayectorias divergentes entre regiones y dentro de las propias áreas metropolitanas, y plantean la necesidad de políticas diferenciadas por escala (nacional, regional, local). 7. Regímenes competitivos sectoriales y ejemplos latinoamericanos Los regímenes competitivos sectoriales describen combinaciones de estructura productiva, patrón de inserción internacional, dinámica de innovación y relaciones laborales. En América Latina se han identificado, entre otros, dos modelos dominantes: industrias procesadoras de recursos naturales (soja, minería, agroindustria) y maquila orientada a la exportación (electrónica, vestuario). Estos modelos difieren en complejidad tecnológica, encadenamientos hacia adelante y hacia atrás, y capacidad para generar aprendizaje local. https://www.cepal.org/es/publicaciones/34834-regimenes-competitivos-sectoriales-productividad-competitividad-internacional El caso de México ilustra cómo una economía con acceso privilegiado a grandes mercados puede mantener un crecimiento de productividad insuficiente si coexisten sectores modernos integrados a cadenas globales de valor con grandes segmentos de empresas pequeñas y tradicionales de baja productividad. El análisis de censos económicos revela brechas significativas entre regiones (especialmente entre el norte-centro y el sur), entre municipios dentro de la misma región y entre empresas con y sin acceso a financiamiento, buena gestión e integración internacional. https://www.bancomundial.org/es/country/mexico/publication/crecimiento-de-la-productividad-en-mexico- Estudios adicionales muestran que los países que logran diversificar su estructura productiva hacia actividades de mayor complejidad tecnológica tienden a experimentar mejoras sostenidas en productividad y competitividad externa. La diversificación productiva se apoya en políticas que facilitan la adopción tecnológica, el upgrading en cadenas de valor y la acumulación de capacidades en nuevas actividades. https://documentos.bancomundial.org/es/publication/documents-reports/documentdetail/187731467996702374/productividad-competitividad-y-diversificación-productiva 8. Cronología y evolución de las ideas A grandes rasgos, el debate sobre productividad y competitividad ha evolucionado en varias etapas: - Posguerra hasta década de 1970: énfasis en acumulación de capital físico y modelos de industrialización sustitutiva, con atención limitada a PTF. - Décadas de 1980 y 1990: reformas de apertura comercial, liberalización financiera y desregulación; foco en competitividad vía precios, tipo de cambio y reducción de aranceles. - Desde finales de 1990: mayor atención a instituciones, capital humano, innovación, infraestructura y calidad del entorno empresarial. - Décadas de 2000 y 2010: incorporación de enfoques de competitividad sistémica, cadenas globales de valor y geografía económica; énfasis en diversificación productiva y desarrollo territorial. - Recientemente: integración de sostenibilidad ambiental, digitalización e inclusión social como condiciones para una productividad y competitividad de largo plazo. Esta evolución refleja el paso de visiones estrechas de competitividad (centradas en costos) hacia enfoques más amplios, que consideran capacidades productivas, institucionales y territoriales. 9. Pros, contras y riesgos Los beneficios de una agenda pro-productividad incluyen: crecimiento más alto y sostenido, convergencia de ingresos con economías más avanzadas, capacidad para financiar políticas sociales, mayor resiliencia frente a choques externos y potencial para reducir la huella ambiental mediante una mejor eficiencia en uso de recursos. No obstante, existen riesgos significativos. Las mejoras de productividad pueden concentrarse en pocos sectores o regiones, ampliando brechas internas. La automatización y la digitalización pueden desplazar trabajadores de baja calificación sin alternativas claras, generando desempleo o informalidad si no hay políticas de reconversión. La competencia internacional puede erosionar sectores con bajo nivel tecnológico si no se acompaña de políticas de upgrading productivo. Además, si la reasignación de recursos se ve limitada por fallas de mercado o instituciones débiles, las reformas pueden no traducirse en mejoras agregadas significativas. Por ello, la política económica debe prestar atención tanto a la eficiencia como a la equidad, asegurando que las ganancias de productividad se traduzcan en mejoras tangibles en salarios reales, calidad del empleo y acceso a servicios básicos. 10. Políticas públicas: diseño, mecanismos e implicaciones Una estrategia pública para mejorar productividad y competitividad combina instrumentos horizontales y sectoriales: - Innovación y sistema científico-tecnológico: financiamiento competitivo de proyectos, incentivos fiscales a I+D, protección adecuada de propiedad intelectual, y programas de transferencia tecnológica a PyME. Estrategias de innovación recomiendan evitar la fragmentación institucional y alinear objetivos de ciencia, educación y desarrollo productivo. https://www.oecd.org/es/publications/la-estrategia-de-innovacion-de-la-ocde_9789264080836-es.html - Política de competencia y regulatoria: marcos que impidan prácticas anticompetitivas, simplificación de trámites para crear y cerrar empresas, y regulaciones sectoriales diseñadas para fomentar entrada e innovación. - Infraestructura y conectividad: inversiones en transporte y logística que reduzcan costos de distancia, así como expansión de conectividad digital de alta calidad, especialmente en territorios rezagados. https://www.bancomundial.org/es/region/lac/publication/the-evolving-geography-of-productivity-and-employment - Educación, formación y políticas laborales: sistemas de educación básica de calidad, formación técnica y profesional alineada con demandas productivas, y políticas activas de mercado laboral orientadas a la reconversión de trabajadores. - Políticas productivas y de diversificación: apoyo a la agregación de valor en cadenas basadas en recursos naturales, promoción de sectores de servicios transables de mayor productividad (servicios empresariales, TIC), y apoyo al desarrollo de proveedores locales capaces de integrarse a cadenas de valor globales. https://documentos.bancomundial.org/es/publication/documents-reports/documentdetail/187731467996702374/productividad-competitividad-y-diversificación-productiva - Políticas para PyME: programas de financiamiento, garantías, incubación, desarrollo de capacidades y simplificación regulatoria para pequeñas y medianas empresas. Evaluaciones regionales muestran heterogeneidad importante en el diseño y la implementación de estas políticas en América Latina. https://www.oecd.org/es/publications/indice-de-policas-para-pymes-america-latina-y-el-caribe-2024_807e9eaf-es.html Un diseño efectivo requiere coordinación intergubernamental (entre niveles nacional, regional y local) y mecanismos de monitoreo y evaluación para ajustar intervenciones según resultados. 11. Estrategias empresariales: gestión, innovación y organización En la práctica, las empresas pueden accionar múltiples palancas para elevar su productividad y competitividad: - Gestión profesional: adopción de prácticas de gestión moderna en planificación, control de calidad, gestión de inventarios, finanzas y recursos humanos. - Digitalización de procesos: uso de software de gestión, analítica de datos, automatización de tareas rutinarias y comercio electrónico. - Innovación incremental: mejoras continuas en productos y procesos, adaptación de tecnologías existentes al contexto local y aprendizaje de clientes y proveedores. - Integración en cadenas de valor: cumplimiento de estándares de calidad, tiempos de entrega, trazabilidad y sostenibilidad para acceder a mercados más exigentes. - Inversión en personas: planes de formación, incentivos alineados con productividad y creación de culturas organizacionales que favorezcan el aprendizaje. - Estrategias territoriales: ubicación de operaciones en ecosistemas productivos dinámicos, participación en clústeres sectoriales o parques tecnológicos. Estas acciones refuerzan la capacidad de la empresa para aprovechar oportunidades de mercado, absorber choques y competir tanto en costos como en diferenciación. 12. Conclusiones y agenda de acción La productividad y la competitividad no son objetivos aislados, sino componentes de una misma estrategia de desarrollo. La clave reside en elevar la productividad de forma amplia, no solo en enclaves de alta tecnología o en sectores extractivos, y traducir esas ganancias en mejoras de salarios, empleo y servicios públicos. Una agenda de acción puede organizarse en tres planos: - Plano macro-sistémico: asegurar estabilidad macroeconómica, calidad institucional, reglas de juego claras y un sistema financiero orientado al desarrollo productivo. - Plano meso-territorial y sectorial: invertir en infraestructura y conectividad, desarrollar políticas sectoriales que promuevan upgrading tecnológico y encadenamientos locales, y diseñar estrategias territoriales que aprovechen el potencial de ciudades y regiones intermedias. - Plano micro-empresarial: apoyar la adopción de mejores prácticas de gestión, la digitalización y la innovación incremental en empresas, especialmente en PyME. Si estos planos se articulan con coherencia y continuidad en el tiempo, la productividad y la competitividad pueden convertirse en motores fiables de crecimiento económico, diversificación productiva e inclusión social, permitiendo transitar desde modelos basados en ventajas efímeras de costos hacia modelos sustentados en capacidades productivas e institucionales robustas.