SECCIÓN 1. Introducción: salud mental, bienestar digital y televisión La salud mental se ha consolidado como un componente central de la salud y del desarrollo humano. Se define como un estado de bienestar mental que permite a las personas afrontar el estrés normal de la vida, desarrollar sus capacidades, aprender, trabajar y contribuir a su comunidad. No se reduce a la ausencia de trastornos, sino que engloba la capacidad de experimentar emociones, pensar, relacionarse y tomar decisiones de forma funcional y alineada con los propios valores. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-strengthening-our-response https://www.paho.org/es/temas/salud-mental Las afecciones de salud mental son muy frecuentes: se estima que más de mil millones de personas conviven con trastornos de salud mental en el mundo, desde problemas comunes como la depresión y la ansiedad hasta trastornos psicóticos y afecciones por uso de sustancias. Estos trastornos representan una proporción relevante de los años vividos con discapacidad y se asocian a pérdidas económicas sustanciales, por ejemplo, un costo anual aproximado de un billón de dólares estadounidenses en productividad perdida por depresión y ansiedad. https://www.who.int/es/news/item/02-09-2025-over-a-billion-people-living-with-mental-health-conditions-services-require-urgent-scale-up Al mismo tiempo, la vida social se ha digitalizado de manera intensa. Los hogares se organizan en torno a pantallas que concentran ocio, información y socialización mediada. La televisión, en sus versiones tradicional y conectada, sigue siendo un aparato simbólico en la vida doméstica, ahora integrado con servicios de streaming, redes sociales y videojuegos. En este contexto surge el concepto de bienestar digital, que se centra en cómo el uso de tecnologías afecta al bienestar psicológico, la atención, las relaciones y los hábitos de vida. La sección Sociedad y TV permite observar esta relación en un objeto concreto y masivo: el consumo televisivo. La televisión actúa como espejo y motor de cambios culturales, a la vez que es un entorno donde se negocian identidades, aspiraciones y representaciones de la salud mental. SECCIÓN 2. Salud mental: definiciones, mecanismos y determinantes La salud mental se sitúa en un continuo dinámico. En un extremo, un bienestar elevado con funcionamiento social pleno; en el otro, trastornos graves con deterioro significativo. Entre ambos extremos se encuentra una amplia gama de situaciones intermedias (malestar, estrés crónico, síntomas subclínicos) que también requieren atención. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-strengthening-our-response Las afecciones de salud mental incluyen: - Trastornos mentales: depresión, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastornos de la personalidad, trastornos de la conducta alimentaria, entre otros. - Discapacidades psicosociales: limitaciones prolongadas en el funcionamiento social o laboral derivadas de problemas de salud mental. - Otros estados asociados a angustia intensa, deterioro funcional o riesgo de autolesión. Los mecanismos que conducen a estos problemas son complejos y multifactoriales. Consideran factores biológicos (genética, neurodesarrollo, enfermedades crónicas), psicológicos (estilos de afrontamiento, traumas, habilidades emocionales), sociales (apoyo social, discriminación, violencia) y estructurales (pobreza, desigualdad, desempleo, crisis humanitarias, cambio climático). La exposición a experiencias adversas en etapas sensibles, como la infancia, puede modificar la forma en que el cerebro procesa el estrés y aumentar la vulnerabilidad futura. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-strengthening-our-response Entre los factores de protección destacan el apego seguro, el apoyo familiar, la escolarización de calidad, las oportunidades laborales dignas, la cohesión comunitaria y el acceso a servicios de salud mental. Estos elementos fortalecen la resiliencia, es decir, la capacidad de adaptarse y recuperarse ante la adversidad. SECCIÓN 3. Bienestar digital: definición, mecanismos y riesgos específicos El bienestar digital se refiere al impacto global que tiene el uso de tecnologías en la salud física, mental y social. No se trata de demonizar las pantallas, sino de comprender cómo, cuánto y para qué se usan. En el ámbito de la televisión y los contenidos audiovisuales, el bienestar digital incluye preguntas como: cuántas horas se dedica a ver contenidos, qué tipo de programas se eligen, con quién se consumen, en qué momentos del día y con qué grado de implicación emocional. Mecanismos positivos del uso digital incluyen el acceso a información de salud, la posibilidad de mantenerse en contacto con redes de apoyo, la oferta de programas de educación emocional y la disponibilidad de recursos de autoayuda y teleasistencia. La salud digital, impulsada por organismos como la OPS, busca precisamente aprovechar estas posibilidades para crear sistemas más accesibles, eficientes y equitativos, mediante registros médicos electrónicos, telemedicina y aplicaciones móviles. https://www.paho.org/es/noticias/7-8-2024-salud-digital-para-todos-esfuerzos-conjuntos-ops-bid-banco-mundial Por otro lado, los riesgos específicos del entorno digital incluyen la sobrecarga informativa, la exposición a contenidos nocivos, el diseño adictivo de algunas plataformas, la vigilancia comercial y el impacto en el sueño y la atención. El paso de una televisión lineal programada a entornos de consumo bajo demanda (binge-watching) favorece patrones de visionado prolongado e intensivo, con potencial impacto en la organización del tiempo, el descanso y la vida social. SECCIÓN 4. Sociedad y televisión: evolución y rol cultural Históricamente, la televisión ha ocupado un lugar central en la vida doméstica, primero a través de canales abiertos y, después, mediante sistemas de cable y satélite. En muchos hogares, la rutina diaria se organiza en torno a franjas horarias televisivas que marcan ritmos de comida, descanso y convivencia familiar. Con la expansión de internet de banda ancha y los dispositivos conectados, la televisión se ha transformado en un conjunto de servicios audiovisuales a demanda. Plataformas de streaming, televisión por internet y contenido generado por usuarios conviven con canales tradicionales. La televisión se hace ubicua: se ve en el televisor, pero también en teléfonos, tabletas y ordenadores. Desde la perspectiva de salud mental, la televisión cumple múltiples funciones sociales: ofrece modelos de rol, normaliza o cuestiona estereotipos, visibiliza o invisibiliza problemas sociales, entre ellos la salud mental, y proporciona narrativas para interpretar la realidad. Las representaciones de enfermedad mental en noticias, series y películas pueden reforzar estigma o, por el contrario, humanizar la experiencia y promover la empatía. La integración con redes sociales multiplica este efecto. Comentarios en tiempo real, hashtags, foros de fans y comunidades en línea amplifican el alcance de ciertos contenidos y generan espacios de apoyo, pero también de acoso o polarización. De este modo, el impacto de la televisión hoy se entiende dentro de un ecosistema mediático más amplio. SECCIÓN 5. Impactos positivos de la TV y los medios audiovisuales en la salud mental La televisión puede funcionar como un recurso de apoyo y educación cuando se usa de manera estratégica. Algunos impactos positivos incluyen: - Educación y alfabetización en salud: programas que explican de forma accesible qué es la depresión, cómo reconocer señales de alerta del suicidio o dónde buscar ayuda pueden aumentar el conocimiento de la población y facilitar la detección temprana. https://www.paho.org/es/temas/salud-mental - Reducción del estigma: campañas y producciones que muestran a personas con trastornos mentales en roles diversos, con vidas plenas y derechos, contribuyen a cuestionar estereotipos de peligrosidad o incapacidad. - Modelos de afrontamiento: historias de personajes que buscan tratamiento, utilizan habilidades de regulación emocional o encuentran apoyo social pueden inspirar conductas similares en la audiencia. - Apoyo a políticas públicas: la cobertura mediática de planes de acción en salud mental, informes mundiales y estrategias de integración en la atención primaria ayuda a situar el tema en la agenda pública y a legitimar la inversión en servicios. https://iris.paho.org/items/36dea8b7-d6c3-4da1-9b5b-4c9efe98658c https://www.paho.org/es/temas/salud-mental-atencion-primaria En el ámbito de la salud digital, la televisión y las plataformas audiovisuales pueden integrarse en intervenciones formales, por ejemplo, mediante contenidos de psicoeducación emitidos en campañas de salud pública, o como canal de difusión de servicios de telepsicología y líneas de ayuda. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-strengthening-our-response SECCIÓN 6. Impactos negativos y riesgos: mecanismos sobre la salud mental Los efectos negativos de la televisión y las pantallas no dependen solo del tiempo de exposición, sino también del contenido y del contexto. No obstante, existe evidencia de asociaciones entre consumo excesivo de pantallas y problemas como alteraciones del sueño, síntomas depresivos, ansiedad, bajo rendimiento escolar y obesidad, especialmente cuando las pantallas sustituyen actividades protectoras como el juego activo, el contacto social y el descanso adecuado. Mecanismos clave incluyen: - Sobrecarga y estrés informativo: la exposición constante a noticias negativas, desastres y crisis puede generar ansiedad, sensación de indefensión y visión catastrófica del mundo. - Comparación social: programas que idealizan cuerpos, estilos de vida y éxito económico pueden intensificar la insatisfacción corporal, la envidia y la baja autoestima. - Normalización de conductas de riesgo: contenidos que trivializan la violencia, el consumo de sustancias o conductas autolesivas pueden influir en normas sociales percibidas. En adolescentes, estos mecanismos se entrelazan con procesos de desarrollo identitario y búsqueda de pertenencia. Cuando la televisión se combina con redes sociales, el riesgo de ciberacoso, comentarios denigrantes y exposición a retos peligrosos aumenta. Estas experiencias pueden agravar problemas preexistentes de salud mental o desencadenar nuevos episodios en personas vulnerables. https://www.who.int/es/news/item/17-06-2022-who-highlights-urgent-need-to-transform-mental-health-and-mental-health-care Es importante subrayar que la relación no es lineal ni determinista: muchos jóvenes con alto consumo de televisión no desarrollan problemas, mientras que personas con baja exposición pueden presentar trastornos mentales por otros factores. La televisión actúa como un determinante más, cuyo efecto se suma a factores individuales, familiares y estructurales. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-strengthening-our-response SECCIÓN 7. Sistemas de salud mental, brechas y rol de la televisión y la salud digital Los trastornos mentales, neurológicos y por uso de sustancias representan alrededor de 14 % de la carga mundial de enfermedad, pero la mayoría de las personas afectadas no recibe atención adecuada. En muchas regiones, entre 75 y 90 % de las personas con estos trastornos carece de tratamiento, pese a existir intervenciones eficaces y coste-efectivas. https://www.paho.org/es/temas/salud-mental-atencion-primaria En las Américas, la brecha de tratamiento para trastornos afectivos, de ansiedad y por consumo de sustancias en adultos alcanza cifras superiores a 70 %, mientras que el gasto público mediano en salud mental ronda 2 o 3 % del presupuesto sanitario, con gran parte de los recursos aún dirigiéndose a hospitales psiquiátricos y no a redes comunitarias. https://www.paho.org/es/temas/salud-mental Los planes de acción internacionales, como el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental y el Informe mundial sobre la salud mental, recomiendan avanzar hacia servicios comunitarios integrados, reforzar la atención primaria, garantizar los derechos humanos y mejorar la recopilación de datos para orientar políticas. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-strengthening-our-response https://iris.paho.org/items/36dea8b7-d6c3-4da1-9b5b-4c9efe98658c En este escenario, la salud digital ofrece oportunidades para ampliar la cobertura mediante telemedicina, programas de apoyo psicosocial a distancia y herramientas de autoayuda. La televisión y las plataformas audiovisuales, integradas en estrategias de salud digital, pueden amplificar mensajes clave, orientar a la población hacia servicios y promover habilidades de autocuidado. https://www.paho.org/es/noticias/7-8-2024-salud-digital-para-todos-esfuerzos-conjuntos-ops-bid-banco-mundial SECCIÓN 8. Estrategias prácticas para promover bienestar digital en relación con la TV 1) Nivel individual - Establecer objetivos claros de uso: definir para qué se usa la televisión (informarse, aprender, entretenerse) y evitar encenderla por inercia. - Gestionar el tiempo de pantalla: fijar límites diarios y semanales, priorizando contenidos de mayor valor y evitando el visionado prolongado nocturno que interfiere con el sueño. - Favorecer el consumo activo: elegir contenidos deliberadamente, pausar para reflexionar, comentar con otras personas y buscar información adicional cuando un tema genera inquietud. 2) Nivel familiar - Pactar normas consensuadas: determinar horarios, espacios sin pantallas (por ejemplo, la mesa de comida) y edades mínimas para ciertos contenidos. - Practicar la co-visualización: ver contenidos con niñas, niños y adolescentes y comentar mensajes, estereotipos, escenas de violencia o consumo, aprovechando para reforzar valores y habilidades críticas. - Crear alternativas atractivas: ofrecer opciones de ocio fuera de las pantallas, como deporte, lectura, actividades artísticas o juegos de mesa. 3) Nivel escolar y comunitario - Incorporar alfabetización mediática: enseñar a analizar mensajes, identificar intereses comerciales, reconocer sesgos y distinguir información fiable de desinformación. - Colaborar con medios locales: promover espacios de difusión sobre salud mental, experiencias de recuperación y recursos disponibles. - Integrar la televisión en proyectos educativos: usar fragmentos de programas o documentales como disparadores para debates sobre emociones, convivencia y salud. 4) Nivel de políticas públicas y sistemas de salud - Regular la publicidad dirigida a menores, especialmente la relativa a alimentos no saludables, apuestas y productos que se asocian a estilos de vida de riesgo. - Desarrollar guías para el tratamiento responsable del suicidio y la salud mental en noticias y ficción, reduciendo el riesgo de imitación y sensacionalismo. - Invertir en salud digital y redes comunitarias de salud mental, integrando televisión y plataformas audiovisuales en campañas coordinadas de promoción, prevención y reducción del estigma. https://www.paho.org/es/temas/salud-mental https://www.paho.org/es/noticias/7-8-2024-salud-digital-para-todos-esfuerzos-conjuntos-ops-bid-banco-mundial SECCIÓN 9. Conclusiones: hacia un ecosistema mediático saludable La relación entre salud mental, bienestar digital y televisión es compleja y bidireccional. La televisión puede reforzar factores de riesgo cuando promueve estereotipos dañinos, normaliza la violencia o fomenta el consumo compulsivo de contenidos. Pero también puede convertirse en una aliada poderosa, capaz de difundir información basada en evidencia, mostrar historias de resiliencia y favorecer la empatía hacia las personas con trastornos mentales. Para maximizar los beneficios y reducir los riesgos es necesario actuar en varios niveles: fortalecer los sistemas de salud mental, cerrar la brecha de tratamiento, desarrollar marcos regulatorios que protejan a la población más vulnerable, promover la alfabetización mediática y avanzar en la transformación digital en salud, aprovechando las sinergias entre televisión, internet y servicios sanitarios. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-strengthening-our-response https://iris.paho.org/items/36dea8b7-d6c3-4da1-9b5b-4c9efe98658c https://www.paho.org/es/noticias/7-8-2024-salud-digital-para-todos-esfuerzos-conjuntos-ops-bid-banco-mundial En el plano cotidiano, el reto consiste en construir una cultura de consumo mediático consciente: usar la televisión y las pantallas como herramientas para aprender, conectar y descansar, en lugar de permitir que ocupen, sin límites, el tiempo, la atención y el espacio emocional que la salud mental necesita para florecer.