1. Introducción: salud y rendimiento en el deporte La sección de Deportes ofrece un marco para entender cómo el deporte y la actividad física influyen en la salud y el rendimiento a corto y largo plazo. El deporte no solo es competencia o entretenimiento: es una forma estructurada de actividad física que, bien planificada, actúa como intervención de salud, herramienta educativa y medio de desarrollo personal. La práctica deportiva regular se asocia con menor riesgo de enfermedades no transmisibles (cardiovasculares, diabetes tipo 2, algunos cánceres), mejor salud mental, mayor capacidad funcional y mejor calidad de vida (OMS, fichas técnicas sobre actividad física, https://www.who.int/europe/news-room/fact-sheets/item/physical-activity; https://www.who.int/initiatives/behealthy/physical-activity). Al mismo tiempo, los contextos de alto rendimiento muestran que la búsqueda exclusiva de resultados, sin una adecuada gestión de la carga ni apoyo psicosocial, puede traducirse en lesiones, burnout, trastornos alimentarios y otros problemas de salud mental. El desafío es combinar rendimiento y salud, usando principios de entrenamiento basados en la evidencia y entornos protectores. 2. Conceptos y definiciones clave - Actividad física: comprender este concepto es esencial porque la salud poblacional depende más de la suma de movimiento diario (caminar, desplazarse, trabajo activo, juegos) que de las pocas sesiones de entrenamiento formal. Cualquier incremento de actividad desde niveles muy bajos produce beneficios medibles. - Ejercicio físico: al ser planificado y repetitivo, permite controlar variables clave (frecuencia, intensidad, duración y tipo), lo que facilita alcanzar objetivos de salud (por ejemplo, bajar la presión arterial) o rendimiento (mejorar una marca en carrera). - Deporte: añade reglas, objetivos claros y un componente social y emocional intenso. El componente competitivo puede aumentar la motivación y la adherencia, pero también la presión y el riesgo de decisiones poco saludables (como entrenar lesionado o usar sustancias prohibidas). - Salud en el deporte: no se limita a la ausencia de lesión o enfermedad; incluye bienestar subjetivo, capacidad de participar de forma sostenida en entrenamientos y competiciones, y adaptación positiva a las demandas físicas y psicosociales. - Rendimiento deportivo: resulta de la interacción de factores físicos, técnicos, tácticos, psicológicos y contextuales (instalaciones, apoyo familiar, recursos). Mejorar el rendimiento de manera sostenible requiere intervenir sobre todos ellos y no solo sobre la carga de entrenamiento. 3. Beneficios globales de la actividad física y el deporte 3.1 Beneficios físicos Los niveles recomendados de actividad física reducen el riesgo de enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular, hipertensión, diabetes tipo 2 y ciertos cánceres (mama y colon, entre otros) y mejoran la condición cardiorrespiratoria y la fuerza muscular (OMS, https://www.emro.who.int/health-education/physical-activity/recommended-levels-of-physical-activity-for-health.html; https://www.emro.who.int/health-education/physical-activitiy/promoting-physical-activity/What-is-the-recommended-amount-of-exercise/All-Pages.html). El mecanismo principal es la mejora de la función vascular, el perfil lipídico, la sensibilidad a la insulina y la composición corporal. En adultos mayores, la actividad física contribuye a mantener masa muscular y densidad mineral ósea, reduciendo el riesgo de caídas y fracturas (informes OMS para 65+ años, https://www.who.int/docs/default-source/physical-activity/information-sheet-global-recommendations-on-physical-activity-for-health/physical-activity-recommendations-65years.pdf). Ejercicios de fuerza y equilibrio son especialmente relevantes. 3.2 Beneficios metabólicos y de control del peso La combinación de actividad aeróbica y de fuerza ayuda a mejorar el consumo máximo de oxígeno, la sensibilidad a la insulina y el manejo del peso corporal. Deporte recreativo como carrera, fútbol, ciclismo o natación se ha asociado con menor riesgo de mortalidad total y por causa cardiovascular, así como con mejor perfil de grasa corporal (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25568330; https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38658416). Estos beneficios se explican por el aumento del gasto energético, la mejora de la masa muscular activa y adaptaciones cardiovasculares (mayor volumen sistólico, menor frecuencia cardiaca en reposo). 3.3 Beneficios cognitivos y académicos En población infantil y adolescente, la actividad física regular se relaciona con mejor atención, memoria, función ejecutiva y rendimiento académico, particularmente en matemáticas y lectura (OMS, directrices sobre actividad física para niños y adolescentes, https://iris.who.int/bitstream/handle/10665/336656/9789240015128-eng.pdf). Un metaanálisis centrado en intervenciones en educación física muestra que mejorar la calidad de las clases (más tiempo de actividad efectiva, tareas estructuradas) tiene un efecto moderado sobre la cognición y pequeño pero significativo sobre el rendimiento académico, sin perjudicar otras materias (https://bjsm.bmj.com/content/55/21/1224). 3.4 Beneficios psicológicos y sociales La participación en deportes recreativos o competitivos se asocia con menor prevalencia de síntomas de depresión y ansiedad, mejor autoestima y percepción de competencia. Los deportes de equipo aportan oportunidades para desarrollar habilidades sociales (cooperación, comunicación, liderazgo) y redes de apoyo, mientras que los deportes individuales favorecen la autodisciplina y la autoeficacia. Estos beneficios se potencian cuando el contexto es seguro, inclusivo y orientado al desarrollo a largo plazo más que al resultado inmediato. 4. Recomendaciones de actividad física por edad 4.1 Niños y adolescentes (5–17 años) Las directrices internacionales recomiendan acumular al menos 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa, principalmente aeróbica, e incluir actividades vigorosas y de fortalecimiento muscular y óseo al menos 3 días por semana (OMS, https://www.who.int/docs/default-source/physical-activity/information-sheet-global-recommendations-on-physical-activity-for-health/physical-activity-recommendations-5-17years.pdf; https://www.who.int/initiatives/behealthy/physical-activity). Actividades típicas incluyen juegos activos, deportes escolares, desplazamientos activos (caminar, ir en bicicleta) y entrenamiento estructurado. La evidencia indica que incluso por debajo de los 60 minutos se observan beneficios, pero el efecto es mayor al acercarse o superar dicha cifra. Es importante que la actividad sea variada y adaptada a la edad, y que se fomente el juego activo frente al sedentarismo prolongado y el exceso de tiempo de pantalla. 4.2 Adultos (18–64 años) Las recomendaciones principales son realizar 150–300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada (por ejemplo, caminar rápido, ciclismo suave) o 75–150 minutos de actividad vigorosa (correr, deportes intensos) o una combinación equivalente, junto con ejercicios de fuerza para los grandes grupos musculares al menos 2 días por semana (OMS, https://www.emro.who.int/health-education/physical-activity/recommended-levels-of-physical-activity-for-health.html; CDC, https://www.cdc.gov/physical-activity-basics/guidelines/index.html). Para beneficios adicionales pueden superarse estos mínimos, siempre que la progresión sea gradual. En adultos con enfermedades crónicas o discapacidad, se recomienda alcanzar estos objetivos en la medida de lo posible, adaptando el tipo de actividad y respetando las limitaciones individuales. Incluso cantidades inferiores a las recomendadas, si se parte del sedentarismo, producen mejoras significativas. 4.3 Adultos mayores (65+ años) Además de cumplir las recomendaciones generales de los adultos, se enfatiza incorporar ejercicios de equilibrio (por ejemplo, tai chi, marcha con cambios de apoyo, trabajo en una pierna), porque reducen el riesgo de caídas y mejoran la funcionalidad (https://www.who.int/docs/default-source/physical-activity/information-sheet-global-recommendations-on-physical-activity-for-health/physical-activity-recommendations-65years.pdf). La intensidad debe adaptarse al estado funcional, pero siempre que sea posible se aconseja llegar a 150 minutos semanales de actividad moderada. 5. Tipos de deporte y beneficios diferenciales 5.1 Deportes de resistencia (carrera, ciclismo, natación) La evidencia epidemiológica y de intervención muestra que la participación en carrera recreativa se asocia con menor mortalidad total, cardiovascular y por cáncer, junto con mejoras en composición corporal y capacidad cardiorrespiratoria (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38658416). El ciclismo reduce el riesgo de enfermedad coronaria y mortalidad por todas las causas, y la natación mejora el perfil lipídico y la composición corporal en adultos. Mecanísticamente, estos deportes aumentan el gasto energético, mejoran el transporte y utilización de oxígeno (incremento del VO2max), favorecen la angiogénesis y la función endotelial, y modulan positivamente la presión arterial y la variabilidad de la frecuencia cardiaca. 5.2 Deportes de equipo (fútbol, baloncesto, balonmano) Revisiones sistemáticas reportan que el fútbol recreativo mejora la capacidad aeróbica, la función cardiovascular en reposo, la fuerza de miembros inferiores y la densidad mineral ósea, además de reducir la adiposidad (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25568330; https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38658416). El balonmano muestra efectos favorables sobre la composición corporal y la capacidad cardiorrespiratoria. En términos de rendimiento, los deportes de equipo combinan esfuerzos intermitentes de alta intensidad, cambios de dirección, saltos y aceleraciones, lo que obliga al organismo a desarrollar tanto capacidades aeróbicas como anaeróbicas, así como coordinación y velocidad de reacción. El contexto social y cooperativo suele mejorar la adherencia al entrenamiento, factor determinante para sostener los beneficios de salud. 5.3 Deportes de fuerza y potencia El entrenamiento con pesas, ejercicios de resistencia con el propio peso corporal (flexiones, dominadas, sentadillas) y otros métodos de fuerza son fundamentales para preservar masa muscular, mejorar la densidad ósea y aumentar la capacidad funcional. En el contexto deportivo, la fuerza es la base sobre la que se construyen la potencia, la velocidad y la resistencia específica. Un programa de fuerza bien diseñado, con 2–3 sesiones semanales, mejora la capacidad de acelerar, frenar, cambiar de dirección y saltar, factores críticos en la mayoría de deportes. A nivel de salud, la fuerza se asocia con menor mortalidad y mejor capacidad para realizar actividades de la vida diaria. 5.4 Deportes individuales vs de equipo Los deportes individuales permiten un mayor control de la carga y favorecen el desarrollo de la autonomía y la autorregulación, mientras que los de equipo ofrecen redes de apoyo social y experiencias de cooperación. La elección debe considerar preferencias personales, acceso a instalaciones y objetivos (salud general, disfrute, rendimiento competitivo), ya que la adherencia a largo plazo es un determinante clave del impacto en la salud. 6. Rendimiento físico: mecanismos, principios y factores moduladores 6.1 Sistemas fisiológicos implicados - Sistema cardiorrespiratorio: determina la capacidad de transportar y utilizar oxígeno. - Sistema neuromuscular: permite generar fuerza y potencia, coordinar movimientos complejos y sostener esfuerzos repetidos. - Sistema metabólico: regula el uso de carbohidratos y grasas, la producción y aclaramiento de lactato y la eficiencia energética. - Sistema nervioso central: participa en la regulación del esfuerzo percibido, la coordinación motora compleja y el control de la fatiga central. 6.2 Principios de entrenamiento para mejorar rendimiento y proteger la salud - Sobrecarga progresiva: aumentar gradualmente volumen e intensidad para estimular adaptaciones sin exceder la capacidad de recuperación. - Especificidad: entrenar de forma similar a las demandas de la competición (duración, intensidad, gestos técnicos, condiciones ambientales). - Individualización: ajustar la carga a la condición física, historial de lesiones, edad, contexto de vida y objetivos. - Variación y periodización: alternar periodos de mayor y menor carga, y combinar bloques de trabajo (resistencia, fuerza, velocidad) para evitar estancamiento y sobrecarga. 6.3 Factores extradeportivos El rendimiento también depende de la nutrición, el sueño, el estrés psicosocial (trabajo, estudios, familia), el entorno de apoyo (entrenadores, familia, equipo médico) y factores ambientales (altitud, temperatura). La falta de sueño o el estrés crónico reducen la capacidad de adaptación a la carga y aumentan el riesgo de lesión y enfermedad. 7. Deporte, cognición y rendimiento académico 7.1 Evidencia en contextos escolares El metaanálisis de intervenciones en educación física muestra que aumentar la calidad de las clases (más tiempo de actividad física efectiva, tareas con mayor intensidad, metodologías activas) mejora de forma moderada la cognición (función ejecutiva, atención) y de forma pequeña pero significativa el rendimiento académico, especialmente en matemáticas (https://bjsm.bmj.com/content/55/21/1224). Incrementar únicamente el número de horas de educación física, sin modificar la participación real ni la intensidad, tiene un efecto menor. 7.2 Mecanismos propuestos - Aumento del flujo sanguíneo cerebral y liberación de factores neurotróficos (como BDNF) que favorecen la plasticidad neuronal. - Mejora de la calidad del sueño, que consolida la memoria y la capacidad de aprendizaje. - Reducción del estrés y la ansiedad, lo que facilita la concentración y el rendimiento en tareas cognitivas. - Desarrollo de funciones ejecutivas (planificación, inhibición, flexibilidad cognitiva) a través de tareas motrices complejas y juegos reglados. 7.3 Implicaciones prácticas Incluir sesiones regulares de actividad física de calidad en el horario escolar no compromete el rendimiento académico; por el contrario, puede mejorarlo. Las escuelas pueden utilizar el deporte como herramienta pedagógica, integrando contenidos de salud, trabajo en equipo, solución de problemas y regulación emocional. 8. Salud mental en deportistas 8.1 Panorama general Los deportistas presentan tasas de problemas de salud mental comparables o, en ciertos subgrupos, superiores a las de la población general. Un posicionamiento de la American Medical Society for Sports Medicine destaca la presencia de depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, abuso de sustancias, trastornos del sueño y conductas suicidas en deportistas competitivos, e insta a integrar la salud mental en la atención habitual del deportista (https://doi.org/10.1097/JSM.0000000000000817; resumen en https://bjsm.bmj.com/content/54/4/216). 8.2 Factores de riesgo específicos - Cultura de "aguantar" el dolor y minimizar los síntomas psicológicos. - Presión constante por el rendimiento, el resultado y la selección. - Lesiones repetidas o graves y miedo a perder la posición o el contrato. - Ambientes con acoso, humillación, discriminación o abuso. - Transiciones críticas (paso de deporte juvenil a adulto, retiro deportivo, cambios de equipo o país). 8.3 Detección y manejo La detección temprana se basa en la observación de cambios en estado de ánimo, conducta, rendimiento, sueño y relaciones. Los mejores resultados se logran cuando médicos del deporte, psicólogos, entrenadores y familia trabajan coordinados, con protocolos claros de derivación y confidencialidad. El tratamiento incluye intervenciones psicológicas (por ejemplo, terapia cognitivo-conductual), ajustes de carga de entrenamiento, farmacoterapia cuando procede y cambios en el entorno. 8.4 Prevención y promoción del bienestar Las estrategias de prevención incluyen programas de educación sobre salud mental, entrenamiento en habilidades de afrontamiento, promoción de estilos de liderazgo de apoyo, políticas claras contra el acoso y mecanismos de denuncia seguros. Una cultura que valora el bienestar tanto como el rendimiento reduce el riesgo de problemas graves y facilita que los deportistas pidan ayuda. 9. Gestión de la carga y prevención de lesiones 9.1 Concepto de carga y capacidad El modelo de carga y capacidad plantea que cada deportista tiene una capacidad variable para tolerar la carga total (entrenamiento, competición, trabajo, vida personal). Cuando la carga supera repetidamente esta capacidad, aumenta el riesgo de lesión y enfermedad. Un editorial en British Journal of Sports Medicine subraya que la relación entre carga, capacidad y salud debe entenderse como un sistema complejo, donde factores físicos, psicológicos y contextuales interactúan (Verhagen & Gabbett, 2019, https://doi.org/10.1136/bjsports-2018-099819). 9.2 Evidencia sobre picos de carga y riesgo El Comité Olímpico Internacional ha señalado que picos abruptos en la carga (incrementos grandes de volumen o intensidad en poco tiempo), calendarios muy densos, viajes frecuentes y estrés psicológico aumentan el riesgo de lesión y enfermedad en deportistas (consenso IOC sobre carga y lesión, https://bjsm.bmj.com/content/50/17/1030). Estudios longitudinales muestran que mantener una carga crónica suficiente, pero con incrementos graduales, protege frente a lesiones, mientras que las oscilaciones extremas se asocian con mayor incidencia de problemas musculoesqueléticos. 9.3 Monitorización práctica de la carga Herramientas habituales incluyen: - Métricas externas: distancia recorrida, metros de alta velocidad, número de sprints, cargas movilizadas, número de saltos. - Métricas internas: frecuencia cardiaca, percepción subjetiva de esfuerzo (RPE), carga de sesión (RPE x duración), variabilidad de la frecuencia cardiaca. - Indicadores de bienestar: calidad del sueño, fatiga percibida, dolor muscular, estado de ánimo. La interpretación debe hacerse de forma individualizada y contextualizada, evitando decisiones basadas en un solo indicador. 9.4 Estrategias de prevención de lesiones - Progresar la carga no más de un porcentaje moderado por semana, especialmente en deportes de impacto. - Incorporar entrenamiento de fuerza, estabilidad y control neuromuscular para mejorar la capacidad de tolerar cargas. - Ajustar la carga tras periodos de inactividad (vacaciones, lesión) mediante progresiones escalonadas. - Coordinar decisiones entre cuerpo técnico y equipo de salud para equilibrar objetivos de rendimiento y protección de la salud. 10. Estrategias prácticas para deportistas y personas activas 10.1 Para población general y deportistas recreativos - Alcanzar al menos las recomendaciones mínimas por edad; si se parte de sedentarismo, comenzar con pequeñas dosis distribuidas a lo largo del día. - Elegir deportes placenteros y adaptados al nivel actual de condición física. - Combinar ejercicio aeróbico (caminar rápido, correr suave, bicicleta, nadar) con entrenamiento de fuerza 2–3 veces por semana. - Incorporar pausas activas en el trabajo o estudio para reducir el tiempo sedentario. 10.2 Para deportistas competitivos - Planificar la temporada con periodización que incluya fases de preparación general, específica, competitiva y de transición. - Monitorizar la carga interna y externa y el bienestar para ajustar el entrenamiento en tiempo real. - Integrar sistemáticamente trabajo de fuerza, prevención de lesiones (ejercicios de estabilidad, propiocepción) y sesiones de recuperación activa. - Asegurar una nutrición adecuada a las demandas del deporte, con atención a la disponibilidad energética, especialmente en deportes con categorías de peso o énfasis estético. 10.3 Recuperación y estilo de vida - Priorizar un sueño suficiente y regular (en adultos, aproximadamente 7–9 horas por noche), ya que la falta de sueño se asocia con mayor riesgo de lesión y menor adaptación al entrenamiento. - Utilizar estrategias de relajación, respiración o mindfulness para manejar el estrés competitivo y extradeportivo. - Mantener redes de apoyo social (familia, amigos, compañeros de equipo) y comunicación abierta con el cuerpo técnico. 11. Pros, contras y riesgos del deporte 11.1 Principales beneficios - Reducción de riesgo de ENT, mejora de la capacidad funcional y mayor calidad de vida. - Desarrollo de habilidades psicológicas (resiliencia, disciplina, regulación emocional). - Mejora del bienestar social y la integración comunitaria. - En niños y adolescentes, mejor cognición, rendimiento académico y desarrollo de hábitos de vida saludables (OMS, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK566048; CDC, https://www.cdc.gov/physical-activity-education/guidelines/index.html). 11.2 Principales riesgos y cómo mitigarlos - Lesiones agudas (esguinces, fracturas) y por sobreuso (tendinopatías, estrés óseo), mitigables con progresión gradual, técnica adecuada, fuerza y descanso. - Sobreentrenamiento y burnout, prevenibles con periodización adecuada, monitorización del bienestar y respeto a los periodos de descanso. - Problemas de salud mental, reducibles mediante entornos de apoyo, educación en bienestar psicológico y acceso a profesionales especializados. - Conductas de riesgo (dopaje, restricciones alimentarias extremas) que requieren regulación, supervisión médica y educación ética. 12. Conclusiones y principios accionables - Priorizar el cumplimiento de las recomendaciones de actividad física a lo largo de la vida, adaptando el tipo de deporte a cada etapa y condición. - Entender la relación carga–capacidad y evitar picos bruscos de entrenamiento; la consistencia y la progresión gradual son más importantes que los esfuerzos extremos puntuales. - Integrar el entrenamiento de fuerza y, en mayores, el trabajo de equilibrio, como componentes no negociables para preservar funcionalidad y reducir lesiones. - Usar el deporte como herramienta para mejorar tanto el rendimiento como la salud mental y social, promoviendo entornos seguros, inclusivos y orientados al desarrollo a largo plazo. - En deportistas competitivos, considerar la salud mental y la recuperación como partes centrales del plan de rendimiento, no como añadidos opcionales. Aplicar estos principios permite que el deporte sea un aliado sólido para la salud y el rendimiento sostenible en todas las edades.